Entrevista: Nº 7, otoño de 2016


Entrevista al Hermano Héctor de la Comunidad de Taizé

“No nos presentamos como aquellos que han llegado, sino como aquellos que están en camino”

entrevista Taize

El 16 de agosto de 2005 una joven con problemas mentales acabó con la vida del hermano Roger Schutz durante la oración vespertina en la iglesia de la Reconciliación de Taizé. El hermano Roger fue el fundador de la comunidad monástica de Taizé en Francia, conocida por su trabajo a favor del ecumenismo y la reconciliación entre cristianos. Desde ese instante, la Comunidad de Taizé se vio impelida a poner en práctica el valor del perdón y la reconciliación que tanto había pregonado su propio fundador asesinado. Unos años más tarde, el hermano Héctor, monje de la comunidad de Taizé, nos ofrecía esta entrevista.

por Koldo Aldai, Promotor de redes espirituales, www.portaldorado.com

¿Que expresa el lema “Luchar con un corazón reconciliado”?

La reconciliación es como un fuego: purifica y nos libera de algo que bloquea el futuro. Para reconciliarnos no podemos ir con toda nuestra agenda, hemos de ceder en algo. Ceder para encontrar un bien mayor siempre implica una lucha.

¿Para reconciliarnos, primero escucharnos…?

La Carta de Cochabamba nos hace varias preguntas o llamadas. Una de ellas es: ¿Sabremos escuchar al otro? ¿Cómo escuchar a nuestro adversario? Parece muy sencillo, pero en el fondo escuchar es bien difícil. La escucha es algo más que lo que hacemos con los oídos. La escucha es una actitud interior de apertura, de acogida… Acogernos mutuamente es intentar ponernos en el lugar del otro y así ensayar una reconciliación.

¿Para reconciliarnos, primero justicia…?

El perdón no es fácil. No es estar ciegos ante situaciones actuales de injusticia. La Carta de Cochabamba nos interpela de nuevo: “¿Permaneceremos cerca de quienes son más pobres que nosotros? ¿Sabremos estar atentos a un reparto más equitativo de los bienes de la Tierra?” Cuando leo que el 20% de la población mundial usa el 80% de los recursos naturales, observo una grave injusticia. Como norteamericano he de pedir perdón en ese sentido.

Aceptemos que todos somos pobres y vulnerables. Si nos atrevemos a revisar nuestro estilo de vida en aras de una sencillez, de una solidaridad, encontraremos otra pista para vivir con un corazón reconciliado. El evangelio nos llama a sanar la memoria de las heridas para poder disfrutar de un futuro en paz.

¿Quiénes son los pobres hoy en Occidente?

Se necesita estar atentos a los pobres. Encontramos a los más desposeídos entre los emigrantes…, pero hay también una pobreza que se llama soledad. Mucha gente, muchos jóvenes y ancianos se sienten solos. Es otra forma de pobreza que está justo al lado nuestro. Estas situaciones nos deben interpelar.

¿Hemos de caminar hacia el perdón aún sin respuesta de la otra parte…?

El camino hacia el perdón es un camino de toda una vida. Caminar hacia el perdón, aun sin saber si la otra persona a la que vamos a pedir perdón nos va a recibir, si vamos a obtener una respuesta. Hemos de perdonar sin saber lo que la otra persona va a hacer con nuestro perdón. No hay otro camino. A menudo el Hermano Roger decía: “Sin el perdón no tenemos futuro.” El evangelio nos ofrece un futuro y una puerta que representa el perdón.

¿Perdón igual a olvido?

El perdón no es olvidar lo que sucedió. La justicia viene con el reconocimiento de lo que no está bien o no se ha hecho bien. Es difícil reconciliarse, si no hemos tomado responsabilidad por lo sucedido. El milagro es que en el fondo de quienes hacen barbaridades se puede encontrar también una chispa de bondad.

¿Paz igual a justicia?

La justicia y la paz van juntas. Busquemos caminos para equilibrar la repartición de los bienes de la tierra. Si no hay paz, es porque no hay justicia. Si queremos la paz hay un momento en el que hay que ceder para el bien de todos.

Muchos jóvenes han hallado en Taizé respuestas que en otros lugares no han encontrado…

Espero que quienes vienen a Taizé no consigan respuestas. Espero que se vayan preguntando. Ese es el propósito de ir a Taizé. No sólo consumir respuestas. Existe el peligro de caer en una especie de consumo espiritual. Necesitamos que el Evangelio nos interrogue, nos sacuda y nos queme.

¿Cómo actúan las comunidades de Taizé en los lugares donde viven los más desposeídos…?

Intentamos vivir una vida sencilla, al igual que la gente del lugar, ya sea en Bangladesh, ya sea en Brasil… Intentamos estar con ellos. Ellos piensan: “¿Qué hace un grupo de hombres europeos viviendo como nosotros así, en estas condiciones, cuando tienen todos los medios?”. No tenemos un método. Nuestra pauta es ir, estar y allí mismo aprender. El hermano Roger decía que no hay nada más responsable que rezar.

¿Nos puedes hablar de vuestra experiencia de perdón tras el asesinato del Hermano Roger?

Nosotros hemos debido aplicarnos también el “¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!”. No hay otra forma. Fue una mujer joven, desequilibrada quien le atacó y le mató. Ahí no hay otra puerta que la del perdón. A veces no llegamos a abrir esa puerta y es Cristo quien la abre. Si yo no puedo perdonar, me uno al espíritu de Jesús y Él es quien perdona a través de nosotros.

Es un misterio el hecho de que un hombre que decía que Dios no castiga, que sólo puede amar, acabara así.

Se vieron de repente emplazados a encarnar sus propias palabras…

Desde el 16 de agosto ha sido un constante ensayo de vivir y luchar con un corazón reconciliado. Es una lucha interior de escoger el perdón, de escoger la misericordia, la bondad del corazón.

Ni el perdón, ni la bondad del corazón son ingenuos. Ven muy bien el mal que se hace, pero convierten el mal y lo transforman en bien. Ese es el misterio de la cruz. Jesús convierte al mal por medio del bien. Ese es también el camino para nosotros, si queremos seguir al Hijo de Dios. Queremos luchar con corazón reconciliado, un corazón que se sabe y reconoce perdonado. Puesto que ha sido perdonado, puede también perdonar.

¿Les costó abrir esa puerta del perdón?

Como dijo el Hermano Alois el día del funeral del Hermano Roger: “Nosotros también queremos decir a Dios con respecto a la joven que mató al Hermano Roger: Padre, perdónala, porque en su enfermedad ella no supo lo que estaba haciendo”.

Esto fue el mismo camino que el Hermano Roger nos indicó en su vida. A lo largo de todos sus años, él nos habló de un Dios que sólo puede amar.

Taizé ha atravesado también el martirio de la sospecha…

No creo que en Taizé hablaríamos del “martirio de la sospecha”. Sí conocimos años de sospechas para con nosotros. ¿Quiénes son Vds.? ¿En qué campo entran? El Hermano Roger salió de este juego confesional. Vivía una identidad cristiana que va más allá de la confesionalidad. El Hermano Roger describía así su camino: “Marcado por el testimonio de vida de mi abuela, he encontrado a través de ella mi propia identidad de cristiano al reconciliar en mí la fe de mis orígenes con el Misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con nadie”.

Él fue siempre un testimonio de humildad y fortaleza…

El Hermano Roger siempre nos animaba a no sucumbir al desánimo. Él nunca entraba en el juego de la crítica y del pesimismo… Con mucha facilidad entramos en la espiral de la crítica. El Hermano Roger no cedía a esa tentación, no entraba en el juego de criticar aun sabiendo que incluso los interlocutores que esgrimían críticas podían tener razón.

¿Cómo aborda Taizé el diálogo interreligioso?

La Comunidad de Taizé no ha establecido un diálogo interreligioso de una manera “oficial”. Pero lo hacemos de otra manera: mediante las comunidades de hermanos de Taizé desplegadas en países donde la mayoría de sus habitantes son de otra religión. Por ejemplo, nuestros hermanos llevan 35 años en Bangladesh. Allí casi todo el mundo es musulmán, lo que hace que nuestros hermanos estén más atentos a esta realidad. Igualmente ocurre con nuestros hermanos que viven en Dakar, en un barrio mixto musulmán y cristiano.

¿Jesús nos invita a reunirnos con otras religiones?

Nuestra comunidad es una comunidad cristiana que tiene un compromiso para con Cristo y el Evangelio. Nosotros pensamos que Cristo es la plenitud de la revelación de Dios; por eso nos comprometemos por Cristo y por el Evangelio. Cuanto más nos acercamos al corazón del Evangelio, más nos acercamos a los demás. Ello no quiere decir que no podamos recibir de los demás. Es cuando nos abrimos al otro cuando descubrimos lo que somos. Si te abres al don del otro, puedes profundizar en el don que tú eres. Si tuviéramos un poco menos de miedo de recibir de las demás confesiones, si pudiéramos reconocer los dones que están en ellas, descubriríamos de una forma más profunda nuestra propia fe.

¿Cómo se plasma ello en la práctica?

Los encuentros en Taizé están abiertos a todo el mundo. La mayoría son jóvenes cristianos, pero a nuestra comunidad llegan igualmente jóvenes judíos, musulmanes, budistas… o incluso llegan jóvenes que no creen en nada, o que simplemente se hallan buscando. La acogida que se vive allí es muy abierta. Taizé en este sentido participa del diálogo interreligioso.

¿Cuál es la nota que ha tocado Taizé? ¿Por qué ha penetrado tanto? ¿Qué es lo que ha aportado para verse convertido en un fenómeno de esperanza planetario?

Es difícil responder a ello, desde el momento en que no tenemos la pretensión de haber encontrado. Estamos buscando también. Quizás podríamos hablar de una interiorización de la fe. La fe es un camino de encuentro personal con Cristo y lo que mucha gente está demandando, incluso en el seno de la iglesia, es un camino más interior. Al mismo tiempo estamos abiertos a otras espiritualidades, como por ejemplo el budismo del cual tenemos mucho que aprender. Es difícil hablar de uno mismo, pues suena un poco pretencioso.

No tenemos una espiritualidad. No tenemos una llave. No somos maestros espirituales. Tratamos simplemente de ser hombres de escucha, hermanos de escucha, sin tener la pretensión de que hemos llegado. No nos presentamos como aquellos que han llegado, sino como aquellos que están en camino. Ese camino pasa primero por el corazón, por el centro de nuestro ser, por un camino interior. Tantas personas tienen sed de ello…


Publicado en Dialogal número 52