Entrevista: Nº 5, mayo 2015


Entrevista a Nasr Hamid Abu Zayd

"Se impone un islam reducido al aspecto legal"

por Manuel Pérez.

entrevista n5

Nasr Hamid Abu Zayd (1943-2010) fue doctor en teología islámica por la Universidad de El Cairo, catedrático en la Universidad de Utrecht y experto en historia del Corán. Lo entrevistamos en Barcelona con motivo de la publicación de "El Corán y el futuro del islam" (Herder, 2009). Fue declarado apóstata por su lectura racional y contextual del Corán y por su discurso reformista sobre el islam.

El reformismo islámico, ¿hace referencia a una reforma del islam mismo o a una reforma de las sociedades desde un punto de vista islámico? Hay dos reformismos diferentes. El más antiguo nace el siglo XIX como movimiento de reforma del pensamiento islámico, en un contexto de grandes desafíos (el poder imperial, el progreso científico, las nuevas instituciones políticas, etc.) que piden modernizarlo. El segundo surge sobre todo a raíz de que en 1924 Turquía se seculariza. Esto pone sobre la mesa el problema de la identidad del mundo islámico y origina un movimiento de reforma de la sociedad de acuerdo con las normas del islam. La diferencia teórica –en la práctica todo es más confuso– es la modernización del pensamiento islámico o la islamización de la modernidad.

¿Cuál de estos dos movimientos reformistas es más influyente hoy? El de la reforma de las sociedades para retornar a una supuesta edad de oro y vivir de acuerdo con la ley islámica. Un discurso que reduce el concepto de pensamiento islámico al aspecto legal, despojándolo de toda riqueza filosófica, teológica y mística. A partir del siglo XVIII, la filosofía se margina, la teología se congela y el misticismo deriva hacia un cierto tipo de organizaciones bajo la autoridad de un jeque. Entonces se impone este islam exclusivamente legalista, que es más estructurado, jerárquico y politizado.

¿Por qué se impone este discurso? Depende de la sociedad y del nivel educativo que tiene. Mientras en Indonesia la modernización del pensamiento islámico está muy extendida, en el mundo árabe todavía está muy poco arraigada. El discurso sobre la reforma del islam requiere un cierto grado de educación de la gente y todavía está muy limitado al ámbito intelectual. La reforma islámica de la sociedad, en cambio, es una idea utópica y fácilmente traducible en lemas que apelan a una mayoría con pocos recursos y que o bien es analfabeta, o bien ha recibido una educación pésima, como es la de los países árabes. Además, los medios juegan un papel muy negativo.

¿Cuál es, más concretamente, la propuesta de reforma del islam? Tiene que ver con el acercamiento a las fuentes de conocimiento de la tradición: la palabra de Dios (el Corán), la tradición profética (sunna), el consenso (IGMA) y la reflexión individual para encontrar una solución (igtihad). El movimiento reformista del siglo XIX subrayó la necesidad de la igtihad, práctica que desde el siglo XII se había ido debilitando progresivamente, hasta limitarse a las autoridades de las escuelas legales. Por otra parte, se dijo que la igtihad no podía estar delimitada por consenso de las generaciones anteriores, sino que debía partir de un nuevo consenso. El reformismo, por tanto, también fomentó una crítica del consenso al que habían llegado los compañeros y sucesores del Profeta, también humanos y falibles. Y de ahí se pasó a la crítica del concepto de sunna, recopilación tardía de dichos (recopilaciones) del Profeta, cuya autenticidad –no la autoridad– había que verificar, sin aceptarlos todos acríticamente como se había hecho durante siglos. Algunos incluso se atrevieron a decir que eran los dichos y los puntos de vista de un hombre del siglo VII, Muhammad y que por tanto había que acercarse a ellos como principios orientadores y no como obligaciones legales.

¿Y el acercamiento al Corán no se tocó? Hubo algunas propuestas importantes. Syed Ahmed Khan (India) invitó a repensar su sentido en clave modernizadora, abriéndolo a la ciencia aunque respetando su universalidad (a diferencia de la historicidad de las recopilaciones). Según él, la naturaleza y el universo son la palabra de Dios en la realidad y el Corán es su palabra en el lenguaje y, por tanto, no puede haber contradicción entre las dos. Muhammad Abduh (Egipto), por su parte, abrió el sentido del Corán a la reflexión racional y dijo que no se puede repensar el sentido de un texto sin reexaminar el texto mismo. En general, sin embargo, discutir la estructura o el estatus de la Palabra divina y eterna continuó siendo tabú.

¿Es ésta la reforma que ha quedado pendiente? Necesitamos volver a hacer hincapié en la reforma iniciada en el siglo XIX, pero centrándonos en hacernos nuevas preguntas radicales sobre el Corán. Algunos pensadores como Fazlur Rahman (Pakistán) o Mahmoud Taha (Sudán) lo intentaron, pero es muy peligroso. Una auténtica reforma del pensamiento islámico pasa por preguntarnos sobre el estatus del Corán, sobre cuál es el sentido de la revelación, qué quiere decir que Dios se comunicara a los hombres, por qué la revelación no se hizo de una vez, sino a lo largo de veinte años, cuál fue el papel de Muhammad –si fue activo o sólo actuó de transmisor– y cuál es el rol de la comunidad, etcétera.

¿Cuál es la esencia del islam que resiste a este tipo de preguntas? El Corán funda el islam, pero en la adaptación del texto a la vida de las personas siempre han intervenido muchos otros factores. La primera comunidad musulmana era como una nueva tribu en la que los miembros de la misma ya no estaban unidos por la sangre, sino por valores espirituales y éticos. Y precisamente por estar formada por gente procedente de diferentes tribus necesitó una especie de sistema legal que los árabes no tenían. Además, Muhammad hizo de líder político y militar y hubo que encontrarle un sucesor, no como profeta, sino para estar al frente de la comunidad. El islam se ha ido formando a partir de decisiones y opiniones humanas. Después se extendió y estableció un imperio, evento que tampoco se basó únicamente en el Corán. Por eso hemos de acercarnos al fenómeno del islam teniendo en cuenta el contexto social, político y económico. También por ello, más fácil que preguntarnos qué es el islam, será preguntarnos qué es ser musulmán. Simplemente atestiguar que no hay más Dios que Alá y que Muhammad es su mensajero, rezar cinco veces al día, ayunar durante el Ramadán y hacer la peregrinación si se puede. Son pilares compatibles con la enorme diversidad cultural de los musulmanes, pero que el reformismo dominante niega porque pretende un islam universal y hegemónico.

¿Qué apoyo se puede dar desde los gobiernos occidentales o desde las Naciones Unidas y la UNESCO? El discurso político occidental actual es peligroso y manipulador. Todavía se refiere a los musulmanes como los "otros", a pesar del paso de generaciones. Lo primero que hace falta son políticos valientes que rompan este discurso y apuesten por un intercambio cultural auténtico. En cuanto a la reforma del pensamiento islámico, el reto es apoyar la reforma sin involucrar políticamente a los que la lideran, porque entonces ellos pierden credibilidad. El apoyo debe basarse en razones elevadas, más que políticas. El apoyo de la UNESCO a la producción intelectual puede ser importante, siempre y cuando vaya más allá de los intereses políticos y los juegos de poder de los que, desgraciadamente, también es presa. Por ello, sería necesario que se abriera a la participación de individuos. Yo mismo he intentado presentar un proyecto para traducir al inglés los trabajos sobre el Corán de algunos orientalistas y se me ha dicho que no porque no actuaba en nombre de un estado miembro, pero claro, ningún estado musulmán aceptaría presentar un proyecto como éste.


Publicado en Dialogal 33 (primavera 2010).