Umbrales: Nº 2, enero 2014


por Joan-Andreu Rocha Scarpetta, historiador y teólogo.

Abraham Joshua Heschel (1907-1972) encarna la historia del judaísmo en el siglo XX al tiempo que constituye una de las figuras más significativas del diálogo del judaísmo con las otras religiones. Conocido por la amistad con el pastor protestante Martin Luther King y por el compromiso a favor de los derechos civiles, fue también observador del Concilio Vaticano II y estableció un diálogo fluido (pero no por ello acrítico) con diversas personalidades de la Iglesia católica. Su recorrido vital muestra también un diálogo intrarreligioso fluido, ya que conoció y trató las diversas tendencias inherentes al judaísmo creando puentes de comprensión y de unidad. No en vano es uno de los autores judíos más leídos por lectores no judíos.

  • Abraham Joshua Heschel

Nacido en Varsovia en el ámbito del judaísmo ortodoxo hasídico, recibió una formación como judío ortodoxo, con un amplio conocimiento de la mística cabalística. Pero quiso continuar los estudios en la Universidad de Berlín, donde obtuvo el doctorado y la ordenación rabínica dentro del judaísmo liberal. En 1938 fue arrestado por la Gestapo y deportado a Polonia. Sólo cuatro meses antes de la ocupación nazi de Varsovia pudo irse a Londres. Durante la guerra perdió la familia como consecuencia de los bombardeos y de los campos de concentración.

De Londres, en 1940 fue a Cincinnati (EEUU), donde fue profesor del Hebrew Union College,seminario del judaísmo reformado. En 1946 lo nombraron profesor de mística y ética judías en el Jewish Theological Seminary of America, el seminario central del judaísmo conservador estadounidense, cargo que ostentó hasta su muerte.

La vida de Heschel brilla por su interés por la dignidad de las personas. Esto motiva su pasión por las cuestiones sociales y su compromiso con el reconocimiento de los derechos civiles en la sociedad norteamericana de los años 1960 y 1970. La amistad con el ministro bautista Martin Luther King (1929-1968) los unió en la lucha contra las injusticias raciales y la guerra de Vietnam, lo que generó una forma de diálogo centrado en la dignidad de la persona, no en su credo o raza. Para Heschel, Luther King encarnaba el espíritu de los profetas bíblicos, y para King, Heschel representaba la denuncia de la ceguera del hombre que piensa en términos de color y de diferencias raciales. Su amistad se centraba no en la supervivencia de la religión, sino en la supervivencia de la humanidad mediante una transformación espiritual de las personas fundada en la búsqueda de la paz. Para ellos lo más importante es cómo una persona religiosa actúa en la cotidianidad, en la búsqueda de la paz, del amor y de la justicia, combinando una vida de piedad con una vida de acción.

El otro aspecto que caracteriza la vida de Heschel es su capacidad de definir la identidad judía y de explicarla a otros grupos religiosos, especialmente a los cristianos. En este sentido, se erigió como una de las figuras más relevantes del diálogo judío-católico durante el Concilio Vaticano II (1962-1965), cuando colaboró ​​en la nueva visión del judaísmo presente en el documento Nostra Aetatesobre la relación de la Iglesia católica con las demás religiones.

En esencia, el pensamiento de Heschel desarrolla el concepto hasídico del tikún olamo “reparación del mundo”. Es aquí donde nace el pensamiento social y dialógico de Heschel, donde la religión se presenta como una realidad inherente al ser humano, idea patente en su obra Man ​​is not Alone: A Philosophy of Religion(“El hombre noestá solo: una filosofía de la religión”).

Para Heschel resulta más importante la compasión hacia nuestros semejantes que el camino y la doctrina religiosa a la que pertenecemos. Para él la religión es un medio, no un objetivo. Así el propósito de toda religión sería ennoblecer, purificar y transformarnos de tal manera que adquiramos un verdadero interés por el otro, que es lo que nos hace verdaderamente humanos. De ahí su insistencia en la idea del pathosdivino, según la cual Dios queda profundamente afectado por lo que un ser humano hace a su prójimo. Así, la finalidad de la existencia humana radica en interesarse por la humanidad como lo hace Dios. Esto es lo que nos permite reconocer la santidad en todas las personas que no pertenecen a nuestra tradición religiosa, y nos permite colaborar en las causas que dignifican la dignidad humana.

En su visión de la diversidad religiosa y el diálogo interreligioso, Heschel no se presenta ni como un pluralista (que admite la validez de todas las tradiciones religiosas por igual) ni como un inclusivista (que reconoce parte del valor salvífico presente en las otras religiones). Heschel fue un judío convencido de que, por un lado, ninguna religión tiene el monopolio de la santidad, pero por otro, afirmaba también que la Biblia judía es “el único libro en el mundo que nunca podrá ser sustituido”.

El valor de una religión estriba en su capacidad de hacer del ser humano un ser compasivo

Para Heschel, por tanto, el valor de una religión no se manifiesta en su demostración de la verdad, sino en la capacidad de hacer del ser humano un ser compasivo con el prójimo, de la misma manera que Dios se manifiesta compasivo hacia toda la humanidad. Heschel resume su pensamiento al afirmar que “un individuo religioso es una persona que integra Dios y los hombres dentro de un mismo pensamiento, de manera simultánea, en todo momento. Sufre cuando hacen daño a los demás, y su gran pasión es la compasión. Su gran fuerza es el amor y el desprecio de la desesperación”. De ahí que el diálogo entre las religiones, según Heschel, no nos vaya a llevar hacia una unidad de pensamiento, sino hacia una fidelidad a nuestra propia fe que nos ayude a asumir la compasión que Dios tiene para sus criaturas predilectas: los seres humanos.
 

Publicado en Dialogal, número 36 (invierno 2010).