Umbrales: Nº 2, enero 2014


por Jordi Aguilera, crítico cinematográfico.

Jordi Aguilera es periodista y colaborador de Dialogal desde los inicios. Es miembro de la redacción de los Servicios informativos de TV3 (la televisión pública catalana) y tiene una amplia experiencia televisiva. Es un cinéfilo empedernido y tiene fama de no perder la ocasión de poner imágenes de alguna película en sus crónicas o reportajes televisivos. Aquí nos recomienda diez títulos que, por una u otra razón, merecen ser recordados por su defensa de las libertades de pensamiento, conciencia y religión.

Matar un ruiseñor, Robert Mulligan (1962)

Gregory Peck lo bordó en el papel del íntegro, honesto y valiente abogado del sur de EE.UU. que se encara a los prejuicios raciales de la pequeña sociedad rural donde vive para defender una causa que cree justa: la inocencia de un hombre negro acusado de violar a una chica blanca. El personaje de Peck da toda una lección de cómo elegir el camino correcto, aunque sea el más duro. La gran –y única– novela de Harper Lee, amiga y confidente de Truman Capote, fue llevada al cine por un equipo en estado de gracia.

Diálogos de carmelitas, Philippe Agostini y Raymond L. Bruckberger (1960)

El dramaturgo francés Georges Bernanos ya estaba muy enfermo cuando escribió esta obra de teatro, que, de hecho, no se representó hasta después de su muerte. Convertida en guión cinematográfico, el director de fotografía Agostini hizo su única película, articulada en torno a la gran labor de las actrices Jeanne Moreau y Alida Valli. Llena de matices y fuerza poética, esta historia sobre la ejecución de un grupo de monjas durante la Revolución Francesa es una condena de la pena de muerte pero también un alegato contra la represión de la libertad de conciencia y de religión.

La herencia del viento, Stanley Kramer (1962)

El abogado Clarence Darrow creyó, en 1925, que valía la pena defender al joven profesor de un pequeño pueblo de Tennessee detenido y procesado por enseñar la teoría de la evolución de Darwin. La película recrea aquel controvertido e histórico "juicio del mono" que enfrentó a los defensores de la libertad de cátedra y la tolerancia religiosa con los fundamentalistas de la época, partidarios de una interpretación estricta de la Biblia.

Galileo, Liliana Cavani (1968)

Eppur si muove. No se puede decir más contra la irracionalidad y el dogmatismo con menos palabras. A pesar de todo, se mueve. La Tierra gira alrededor del Sol y no al revés. Galileo Galilei acaba de ser condenado por la Iglesia católica y la cámara de la controvertida Liliana Cavani hace una metáfora de todas las colisiones del pensamiento libre contra cualquier sistema opresor. Galileo desafiará el oscurantismo en nombre del conocimiento, pero también de la libertad de las ideas y las creencias.

El señor Ibrahim y las flores del Corán, François Dupeyron (2003)

Un canto a la tolerancia y a la comprensión, no sólo interreligiosa sino también intergeneracional. Un gran Omar Sharif interpreta al musulmán del título, un hombre sabio y cargado de experiencia que guiará los pasos de un muchacho judío huérfano, en el París de los años sesenta. Dos soledades se encuentran y se complementan, más allá de orígenes y prejuicios. Ibrahim es un hombre religioso, sí, pero en su caso el Corán no es una guía para encarar la vida, sino una serie de consejos para interpretarla.

El arpa birmana, Kon Ichikawa (1956)

Sólo once años después de terminar la Segunda Guerra Mundial, el director japonés Kon Ichikawa tuvo el valor de hacer una película pacifista enmarcada en el periodo bélico y en uno de los escenarios más duros. Lo que realmente hay que ver en este título es un grito desesperado para recordar lo obvio: los valores humanos son eternos y comunes a todos, y terminan aflorando independientemente de las circunstancias.

Esta tierra es mía, Jean Renoir (1943)

Uno de los mejores momentos de coraje retratos nunca por una cámara cinematográfica no tiene como protagonista a un héroe apuesto con un arma en la mano, sino un personaje bajito y gordito, tímido y poco agraciado, armado no más –ni menos– que con la Declaración Universal los Derechos Humanos. El genial Charles Laughton da vida y aliento épico al humilde maestro de escuela que crece ante los ojos de los alumnos a medida que recita estos derechos, con la calma y la seguridad de quien se sabe asistido por la fuerza de la razón, mientras, en la puerta del aula, lo esperan aquellos que sólo saben esgrimir la razón de la fuerza.

1984, Michael Radford (1984)

Quizás la película no está a la altura de la gran novela de George Orwell, pero aún así es una adaptación más que digna, sobre todo por las magníficas interpretaciones de Richard Burton y John Hurt. Recurrir a la ciencia ficción es, muchas veces, la mejor manera de hablar de los asuntos que nos rodean. En este caso, el peligro de que un estado todopoderoso nos diga cómo y qué debemos pensar a través de unos medios de comunicación de masas omnipresentes. Tal y como han ido las cosas, quizás ni siquiera Orwell hubiera imaginado que el Gran Hermano estaría a punto de hacerse realidad.

  • la vida es bella

La vida es bella, Roberto Begnini (1997)

Se han hecho muchas películas en torno a la persecución antisemita por parte de los nazis. Yo elijo una comedia precisamente por la originalidad de tratar un tema tan duro y, a priori, tan imposible de provocar ninguna sonrisa, desde la óptica del humor. Begnini afronta el reto de su vida y se sale, como creador y como artista comprometido, con la voluntad de recordar una parte oscura de la historia –la colaboración del fascismo italiano en los campos de exterminio– y llevar las nuevas generaciones a la reflexión después de la sonrisa.

Éxodo, Otto Preminger (1960)

La persecución de los judíos, más allá del final de la Segunda Guerra Mundial, se manifiesta en las tribulaciones de un barco y de su carga humana para llegar a la tierra prometida. Una historia mínima y, por eso mismo, universal. La de un grupo humano, heterogéneo y anónimo, que huye, perseguido por sus ideas, creencias o fe, en busca de un lugar donde poder seguir siendo lo que son, pensando lo que piensan y viviendo como quieren vivir, en paz.
 

Publicado en Dialogal número 38 (verano 2011).