Umbrales: Nº 1, agosto-septiembre 2013


Isabel Calpe Rufat

Doctora en Antropología y profesora Qi Gong
http://isabelcalpe.wordpress.com/

Al escribir este artículo me viene a la mente un magnífico relato de Jack London, El vagabundo de las estrellas, que narra las andanzas espirituales de un prisionero torturado por sus carceleros. Sometido a una camisa de fuerza, el espíritu del protagonista de esta novela se evade de su cuerpo como una forma de sobrevivir a las terribles torturas a las que es sometido. En nuestra tradición cristiana, las mortificaciones de la carne o el sacrificio de Cristo en la cruz han impregnado nuestro inconsciente colectivo, religando la experiencia religiosa con el sufrimiento corporal. ¿Qué relación existe entre la salud del cuerpo físico y lo sagrado?, ¿es posible gozar de lo espiritual en plena salud?, ¿existen prácticas religiosas o tradiciones espirituales que sanen el cuerpo y el espíritu?, ¿un método terapéutico puede ser al mismo tiempo una vía de crecimiento espiritual?

Según la OMS, “la salud es un estado de perfecto bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de enfermedad”. Ésta definición plantea que estar sano no es meramente no padecer de una enfermedad, sino gozar de un equilibrio, de una cierta plenitud incluso que atañe distintas dimensiones de la vida. Así que, desde esta óptica, nos planteamos qué aportan o cómo influyen las tradiciones religiosas y espirituales en esa “salud” del ser humano, entendida en un aspecto global, como un estado de equilibrio y armonía.

  • Ejercicios de Qi Gong

    Ejercicios de Qi Gong

Si la religión es beneficiosa o perjudicial para el hombre es un debate controvertido. Algunos consideran que la religión católica ha sido perjudicial, al haberse impuesto, históricamente y hasta fechas no tan lejanas, como una religión coercitiva, basada en la culpa, el pecado, la represión o el miedo. En principio, las distintas tradiciones religiosas, al aportar un sentido trascendente a la existencia, benefician, si no directamente la salud física del individuo, sí su salud mental o espiritual. Un psicólogo eminente, Carl Gustav Jung, llegó a decir que no conocía paciente que hubiese hallado curación sin encontrar un sentido trascendente a su existencia. Claro que ese sentido no tiene por qué hallarse en el seno de un sistema religioso definido, sino que puede surgir de una experiencia espiritual individual.

Nuestra cultura occidental es heredera de la división cartesiana que escinde y separa la materia del espíritu. Esta división dual nos hace contemplar el cuerpo como algo ajeno al espíritu, como una sustancia separada, pero esta concepción es ajena a otras culturas y tradiciones. En Asia, el cuerpo se considera un vehículo de la realización espiritual. Basta recordar la iluminación de Buda en la postura del loto bajo el árbol Bodhi, postura que ha sido y sigue siendo la base de la práctica del yoga. Si en su fin último el yoga se dirige a la realización de la naturaleza búdica, al despertar de la conciencia, lo cierto es que su práctica requiere un ajuste minucioso de la postura y la respiración, tal y como revela la propia etimología de la palabra yoga, cuya raíz yug significa ajustar. Y es que para elevar la conciencia es preciso un cuerpo relajado y una mente serena.

Una de las tradiciones o prácticas que mejor ejemplifica la relación entre la búsqueda espiritual y la salud, es el Qi Gong, una disciplina  corporal de origen milenario integrada en la medicina china. Desarrollada y practicada tanto por sabios taoístas y monjes budistas como por médicos y científicos modernos, es al mismo tiempo un método curativo y una vía de perfeccionamiento humano y espiritual. Ya desde antiguo, en una obra atribuida al legendario Emperador Amarillo, se mencionaba que esta práctica servía tanto para prevenir enfermedades, como para mejorar el carácter. A través de las posturas y respiraciones, el practicante sana su organismo, equilibra sus emociones y nutre el espíritu. El ejercicio permite prevenir y curar enfermedades, entrar en armonía con la Unidad de lo existente, y en su fin último retornar al Dao, principio y fin de todas las cosas.

De hecho, hay muchas tradiciones culturales en las que la salud del ser humano va a la par de su espiritualidad. La “Mens sana in corpore sano” evoca el fundamento bíblico del cuerpo como templo del espíritu. En el Islam, las zawiyas son al mismo tiempo centros espirituales y espacios terapéuticos, a los que los peregrinos, enfermos o poseídos por los djinnes, acuden en busca de sanación. En la tradición judía existen rituales de purificación y salmos que pueden recitarse para recobrar la salud cuando uno cae enfermo. Para las tradiciones de los indígenas de América, que conciben la vida como un gran círculo en el que todo está interrelacionado, el camino de la salud corre paralelo al camino del respeto a los rituales sagrados y el respeto a la comunidad. No existen uno sin el otro. El incumplimiento de las  prácticas sagradas puede ser causa de desequilibrio, confusión mental y enfermedad. Para recobrar la salud, hay que volver a entrar en el círculo de la comunidad, honrar la tierra y reconocer que somos uno con la totalidad. Entonces la energía vuelve a fluir y se puede recorrer el sendero de los sagrado haciendo de la propia vida una oración.

En Occidente, la práctica científica de la medicina ignora la dimensión espiritual de la vida. Una cosa es la ciencia, otra las creencias o la fe. La medicina occidental nos asombra cada día con sus avances, pero su concepción de la enfermedad sigue siendo heredera de esa escisión cartesiana entre materia y espíritu. A pesar de que las enfermedades psicosomáticas suponen un reconocimiento de la relación existente entre la mente y el cuerpo, a la medicina occidental le queda mucho por comprender sobre el origen de la enfermedad; su reto es poder restablecer un día el lazo existente entre el universo visible de la materia física y el universo invisible de la palpitación que le da vida. Mientras, podemos volver nuestra mirada hacia las tradiciones que nos recuerdan que nuestro cuerpo físico es un templo sagrado que alberga todas las tonalidades vibratorias del universo; podemos volver la mirada hacia el interior de nosotros mismos, a fin de religarnos a lo sagrado vivificando nuestro cuerpo físico y nuestro espíritu. 

Publicado en Dialogal 38 (verano de 2011).