Umbrales: Nº 7, otoño de 2016


Entrevista a Joan Grimalt, director del grupo de música sacra Exaudi nos y profesor de la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC)

por Nuria Pujolàs i Puigdomènech, gestora cultural.

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En la antigüedad se creía en los poderes sobrenaturales de la música tanto para curar como para pedir lluvia. Cantar para expresarse o para implorar a las divinidades. El refrán es claro: quien canta sus males espanta. Cantar nos hace sentir mejor y no sólo ahuyenta los males individuales de cada uno sino también los comunitarios, sobre todo cuando se canta en una coral.

por Nuria Pujolàs i Puigdomènech, gestora cultural.

En la antigüedad se creía en los poderes sobrenaturales de la música tanto para curar como para pedir lluvia. Cantar para expresarse o para implorar a las divinidades. El refrán es claro: quien canta sus males espanta. Cantar nos hace sentir mejor y no sólo ahuyenta los males individuales de cada uno sino también los comunitarios, sobre todo cuando se canta en una coral. En el canto coral se utiliza esta expresión metafórica de la armonía del grupo, de la sociedad, cuando lo que nos une es la voz y el ritmo, lo que sale de dentro, para llegar a la expresión externa compartida.

Dominar la respiración y conocerla es básico a la hora de cantar. ¿Y qué hay más profundo y natural que la respiración? Algo que necesitamos todos los seres vivos sin diferencias ni clasificaciones. El canto espiritual, de textos sagrados, busca esta conexión con la parte más espiritual de la persona. Por un lado, lo que sale de la esencia de cada persona es la necesidad vital de la respiración, sumada al hecho de que no hay la misma fuerza en el canto de un individuo solo que en el de un grupo de personas. Cantar, sumando voces diversas y heterogéneas, otorga la fuerza de un conjunto en que nadie es más que nadie, todo el mundo puede participar, todo el mundo es importante en la transmisión de la emoción. Y, por otra parte, la fuerza de repetir, de la salmodia, del ruego que insiste en pedir aquellos grandes valores y deseos coincidentes en varias tradiciones religiosas: el amor, la justicia, la fe y la esperanza, entre otros.

Podemos disfrutar de los cantos gregorianos como oraciones de textos bíblicos cantados; éstos forman parte de la liturgia de la iglesia católica y se pueden cantar a capela, o sea, sin instrumentos de apoyo. O podemos ir a buscar otras fuentes, de mucha vigencia actual, como el góspel o cantos espirituales negros de origen africano que adaptan los himnos religiosos; se cantan colectivamente y se combina la lírica del cristianismo con la melodía y el ritmo similares al blues, el jazz y, en algunas ocasiones, el soul.

También nos podemos remontar a los Vedas para adorar a las divinidades. En la música hindú explican que hay dos tipos de sonidos: Anahata Nad como vibración del aire más puro que sólo buscan algunos yoguis, y el Ahat Nad como vibración del aire de la atmósfera, más cercana a la tierra, ya sea por los sonidos de la naturaleza como en la música producida por los humanos. En el hinduismo, como en el budismo, se usan los mantras como versos o secuencias de versos sagrados que con su repetición liberan la mente para alcanzar un plano superior, espiritual. El mantra más conocido es el OM entendido como sonido primigenio del universo.

En el islam, aunque no siempre aceptada mayoritariamente, está la música sufí como técnica, en algunas ocasiones terapéutica, que permite un proceso de interiorización como paso previo a la apertura hacia el exterior. Y seguro que nos dejamos muchas otras formas de exteriorizar la oración a través de la fuerza de la voz como podría ser la experiencia de la Coral Interreligiosa "La Paz" con el apoyo de la Asociación Unesco para el diálogo Interreligioso (AUDIR). No os puedo ofrecer mucha información más ya que es un ámbito tan rico como complejo y me gustaría dar paso a Joan Grimalt, director del grupo de música sacra Exaudi nos y profesor de la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), para que nos explique la relación entre la música y el hecho religioso.

Entrevista a Joan Grimalt

¿Qué tarea desarrollasteis en Exaudi nos?

Descubríamos una música inédita, normalmente en un manuscrito. La transcribía y la instrumentaba; ensayábamos y la cantábamos, y al final la grabábamos. Nos hemos centrado en música sacra, litúrgica o no, del siglo XVII, de compositores de la corona catalanoaragonesa. La mayoría eran misas y motetes, pero también hay villancicos, un género no litúrgico, más popular, a base de danzas y textos piadosos. La ambición del grupo era traducir al momento presente la parte espiritual de todo este repertorio con un lenguaje actual. La cuestión es: ¿qué vigencia tiene el patrimonio de la música sacra? Por otro lado, también hay música actual, religiosa, de gran calidad y que también merecería más difusión; por ejemplo, la de Arvo Pärt o Sofía Gubaidulina.

¿Cómo empieza tu pasión por la música religiosa?

De muy jovencito. Recuerdo la experiencia de escuchar música en casa, y también en casa de un amigo, con mucha intensidad. Al marcharme a Viena, en 1984, vi que allí era costumbre hacer música sacra de calidad semanalmente, en la iglesia. Después hice estudios de música eclesiástica en la Universidad de Viena, y siempre me ha gustado.

Os presentáis diciendo que cantáis y ponéis música a textos sagrados que interpelan a cualquier oyente sensible. ¿Significa que es independiente de la religión de quien lo escucha?

Sí, ¡por supuesto! Esto es fundamental. No excluye a nadie; al contrario, quisiera incluir cuantos más oyentes mejor.

¿Has experimentado alguna vez con Exaudi nos alguna experiencia que no tenga una explicación racional?

Estamos instalados permanentemente en este terreno de lo inexplicable, el inconsciente. Lo extraordinario es que pasen cosas que se puedan explicar racionalmente.

¿La música religiosa es sinónimo de armonía?

No. Es un equilibrio inestable: la armonía da sentido a la disonancia y al revés; si no, sería caótico o monótono.

¿Al espíritu le podemos poner música?

El espíritu es la palabra; el "Logos". Somos espirituales en tanto que hablamos, en tanto que razonamos. La música va después de la palabra y le ofrece un suplemento que la hace trascendente. Por eso hay una tradición tan antigua de música y ceremonial. La música tiene una vinculación enorme con los rituales y, por tanto, con la palabra de nivel elevado.

¿Qué crees que recibe el público en un concierto?

Mucha de esta música sacra no tenía en cuenta ninguna audiencia. La música comunicativa es una idea reciente, del siglo XVIII y, sobre todo, del XIX. Hoy, sin embargo, ¿cantamos para la gente, para Dios o para quién? Inevitablemente, tanto el público como nosotros, los intérpretes, convertimos la experiencia en un acto comunicativo. De todas formas, una de las cosas que me interesan es la mejor manera de escuchar esta música y, por ello, la divulgación se ha convertido en uno de los puntos centrales, si no el central, de mi trabajo. Por ejemplo, en el Aula Eixample de la Universidad Pompeu Fabra, los lunes, de 7 a 9 de la noche.

¿Te parece que la vida en ocasiones desafina?

Ja, ja, ja... No lo sé. O quizás la vida, a veces, afina, y aparece una consonancia.


Publicado en Dialogal número 44