Umbrales: Nº 7, otoño de 2016


por Verónica Sartore

Licenciada en Filosofía.

umbrales

By יואב אלעד [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons

Fue hace unos años en Israel cuando vi por primera vez a los judíos ortodoxos. Me llamaron muchísimo la atención por su aspecto tan excéntrico: los hombres con sus payot, los tzitzit, los sombreros negros o los más curiosos de piel (shtreimel); las mujeres todas con las faldas largas, y las mujeres casadas con sheitel, para cubrir el pelo. El color dominante de la vestimenta es el negro, un hecho que me parece muy simbólico en un mundo gobernado por los fenómenos visuales. Efectivamente, ellos viven junto a los judíos seculares, en una sociedad moderna, occidental, y sin embargo están totalmente alejados de lo que los rodea, inmersos en su propio mundo, siguiendo tradiciones muy antiguas que procuran conservar meticulosamente. No es sólo el aspecto, sino sobre todo el estilo de vida que los hace tan especiales. A lo largo del tiempo me fui enterando de varias prácticas y rituales cotidianos que testimonian el rigor con que los judíos ortodoxos aplican las leyes de la cashrut y de la halajá y respetan el shabbat. Cosas que pueden parecer absurdas –como el hecho de que esté prohibido viajar en coche o usar luz eléctrica en shabbat, el día de descanso– me fascinan enormemente. Y a la vez, siempre me he preguntado: ¿cómo se expresa la espiritualidad de los judíos ortodoxos, más allá de apariencia, rituales, preceptos y prohibiciones? ¿En qué creen?

Quería intentar descubrirlo cuando volví a Israel en febrero de este año. Mi amigo judío Mario Saban, estudioso de Cábala en Barcelona y presidente de Tarbut Sefarad, red de cultura judía, me puso en contacto con Shirley, judía de origen argentino y miembro del movimiento judío jasídico “Breslev” en Jerusalén.  Quedé con ella un martes por la tarde, procurando ponerme una falda larga negra antes de nuestra cita. Al verla me quedé sorprendida: no sé por qué, pero me esperaba una mujer mayor, y seria; pero enseguida descubrí que tenía mi misma edad, y una sonrisa luminosa y abierta. Se mostró muy amable, ofreciéndose a enseñarme la oficina de Breslev, y el barrio ortodoxo, Mea Shearim. En el camino me contó cómo había cambiado radicalmente su vida desde hacía unos años atrás. Se crio en Buenos Aires, en una familia de judíos no religiosos, pero tras descubrir la Torá eligió dedicar su vida a la búsqueda espiritual, y se fue a Israel para estudiar en una Yeshiva para mujeres: “Encontré la felicidad al aprender que Dios nos da todo lo que necesitamos para cumplir nuestro camino espiritual en la vida. La tristeza es instinto del mal, porque la persona que está triste no se acepta a sí misma, no ve sus cualidades y no ve la bondad del creador. La alegría, y la fe (emunah) en que todo es para bien (gam zu letová), son los objetivos del mundo jasídico”. Me impresionó el tono tranquilo y seguro de su voz, y su actitud optimista.

Cuando llegamos a la oficina de Breslev, Shirley me explicó que hombres y mujeres trabajan separados. La separación de los géneros es algo fundamental en el judaísmo jasídico; tuve varias muestras de esto a lo largo de la tarde. La primera vino enseguida, cuando Shirley me presentó a Josef Nechama, mánager general de Breslev. Automáticamente estiré mi mano para saludarlo, pero él no hizo lo mismo. No me podía tocar porque soy mujer. Para mí fue una situación curiosa, y al verlo un poco incómodo me arrepentí de no haberme enterado antes de los códigos. Pero fue sólo un  momento, y enseguida aceptó muy amablemente contestar algunas preguntas. Era la primera vez que hablaba cara a cara con un hombre con payot, así que lo primero que quise saber fue el significado de estos mechones, y en vez de citar la Torá, como me hubiera esperado, me dijo que esta tradición empezó porque los judíos religiosos buscaban una señal física muy peculiar como manera de diferenciarse respecto a los demás. Su respuesta me pareció muy significativa, y confirmó mi sensación de que para ellos la elevación espiritual está inextricablemente conectada con la segregación social. Me pregunté más radicalmente: ¿será que una búsqueda espiritual “seria”, necesariamente requiere el aislamiento, la separación física de los que viven en el mundo material? Las preguntas proliferaban en mi cabeza mientras seguíamos hablando. Él también me contó del cambio que hubo en su vida. Al igual que Shirley, antes era judío secular, tenía mucho dinero, una vida muy mundana, y a pesar de esto no era feliz, hasta que se dio cuenta de que nada material hubiera podido llenarlo, y así empezó su camino espiritual. “El objetivo de nuestro movimiento”, me explicó con tono vigoroso, “es ayudar a todos, judíos seculares y no judíos, a buscar su relación con Dios”.

Salí con Shirley y pronto llegamos caminando a Mea Shearim. Es un barrio empobrecido, y solo se ven judíos ortodoxos por la calle. Caminar por allí produjo en mí una sensación extraña, como si hubiese vuelto a una época pasada. Shirley me ensenó las Yeshivas, y un letrero pegado en la pared de un edificio que pedía a las mujeres que entrasen en el barrio vestidas con decoro. Los hombres con los que nos cruzábamos por la calle apartaban la mirada, “pues mirar a una mujer a los ojos puede provocar pensamientos inmorales, y esto puede llevarlos a cometer pecados que opacan no sólo su mundo, sino todo el mundo”. Todos los preceptos relativos al decoro y a la separación de los géneros (Tzniut), me explicó, no tienen nada que ver con machismo, sino son más bien una señal de gran respeto hacia la mujer, que tiene un papel fundamental en el judaísmo. Me  gusta mucho esta perspectiva, pues desafía el prejuicio que tenemos en el mundo occidental y laico de que la mujer que por motivos religiosos se tiene que cubrir sea necesariamente sumisa y desvalorada. 

A la hora de despedirnos Shirley me dio tres libros, prometiéndome que uno sobre todo, “En el jardín de la fe” de Rabbi Shalom Arush, me daría mucha luz en mi vida. Fue una visita muy rápida e intensa. Preguntas, dudas y perplejidades se me acumularon en la cabeza, pero me quedé con la curiosidad de descubrir más sobre ideas que me han gustado mucho, porque creo que aportan paz y serenidad. Si antes asociaba el judaísmo ortodoxo con las caras serias de los hombres con payot  y una fe misteriosa y elitista, ahora lo que visualizo es la sonrisa y la alegría de Shirley.


Léxico:

Cábala: sistema de interpretación mística y alegórica de la Torá que busca en ese texto el significado del mundo y la «verdad».

Jasidismo: deriva de la palabra jasid ("piadoso"), es una interpretación religiosa ortodoxa y mística dentro del judaísmo, que destaca por la minuciosidad de los mandamientos que la regulan.

Kosher o kashrut: es la parte de los preceptos de la religión judía que trata sobre lo que los practicantes pueden y no pueden ingerir, basado en los preceptos bíblicos del Levítico. Dichas reglas determinan con precisión qué alimentos se consideran puros (kosher).

Halajá: es la recopilación de las principales leyes judías, que incluyen los 613 mitzvot o preceptos de la Torá.

Payot, o pe’at: pelo en frente de las orejas que se extienden por debajo de los pómulos. Son usados por algunos hombres y niños en la comunidad judía ortodoxa sobre la base de una interpretación del mandato de la Torá: "No redondear el Pe'at de su cabeza".

Shabbat: es el séptimo día de la semana, día sagrado y de descanso. Se observa desde el atardecer del viernes hasta la aparición de tres estrellas la noche del sábado. Según las prescripciones de la Torá, debe ser celebrado en primer lugar mediante la abstención de cualquier clase de trabajo.

Sheitel: palabra yiddish para una peluca o media peluca usada por algunas mujeres casadas judías ortodoxas, a fin de cumplir con el requisito de la ley judía para cubrir su cabello.

Tzitzit: flecos del talit, accesorio religioso en forma de chal, que sirven como recordatorio de los mandamientos de Dios

Yeshiva: centro de estudios de la Torá y del Talmud generalmente dirigido a varones en el judaísmo ortodoxo

SITIO WEB DE PRESLEY EN ESPAÑOL: http://www.breslev.co.il/default.aspx?language=spanish


Publicado en Dialogal número 49