Umbrales: Nº 3, julio 2014


por Kathryn Lum, investigadora en la Universidad de Florencia.

El 24 de mayo de 2009, seis hombres armados con dagas y una pistola entraron en el templo (gurdwara) Shri Guru Ravidass, en Viena, para atacar a dos visitantes del Punjab indio, considerados santos, que en ese momento acogía la comunidad. Uno de ellos murió (San Ramanand Ji) y el otro resultó seriamente herido (San Niranjan Dass Ji). Además, treinta miembros de la comunidad resultaron heridos. Todos eran devotos del Guru Ravidass Ji, santo intocable del siglo XIV. Horas después de que la noticia se extendiera, el Punjab reaccionó con violencia. Se impuso un toque de queda estatal, y el ejército actuó para restaurar el orden. ¿Quiénes eran aquellos hombres, y qué los motivaba a matar? ¿Y por qué este terrible incidente de violencia ocurre en un templo llevado por un grupo de castas bajas de sikhs conocidos como ravidassias? Intentaremos explicar el contexto y la historia que hay detrás de un ataque que ha sorprendido y confundido a muchos.

ravidassiaEl ataque a estos dos santos no sucedió espontáneamente, sino que es el resultado de las antiguas tensiones que se cuecen a fuego lento entre los sikhs ortodoxos y unos sikhs de la casta baja Cham (que históricamente trabajaba la piel), en Punjab, al norte de la India. El Punjab es el único estado en la India con una mayoría sikh. También tiene el porcentaje más alto de dalits o intocables de entre todos los estados de la India: el 30 % en todo el estado y el 40 % en algunas áreas concretas. El sikhismo es una fe minoritaria en la India, y la practican 24 millones de personas por todo el mundo. Se fundó en 1469 en Punjab, en respuesta a y como protesta contra muchos de los rituales e instituciones del hinduismo, la tradición dominante en la India. En particular, los diez gurús del sikhismo predicaban contra la intocabilidad en el sistema de castas, e impulsaban las cenas mixtas (aunque no los matrimonios mixtos), institucionalizando la práctica religiosa del Lang, donde todos los devotos, sin mirar la casta o la religión, comen juntos como símbolo de igualdad. Pero a pesar de los esfuerzos de reforma de los gurús sikhs, la mentalidad de castas que impregnaba la sociedad punjabi seguía vigente y ello influyó en el desarrollo de la nueva fe. Los sikhs del Punjab, al igual que los hindúes de la zona, siguen divididos en castas, y la gran mayoría de matrimonios se llevan a cabo según las normas de las castas. En el sikhismo contemporáneo, las instituciones religiosas más importantes están a manos de los sikhs do, una casta dominante, de agricultores y terratenientes. Socialmente, la mayoría de los pueblos de Punjab siguen segregados por castas, e incluso separan los cementerios para sikhs de castas altas y bajas. En respuesta a su exclusión y falta de total participación en las instituciones religiosas sikhs y en la sociedad punjabi en general, los sikhs de castas bajas han fundado sus propios templos (gurdwaras), y se han orientado masivamente hacia los deras o centros religiosos devotos del Guru Ravidass Ji. Para los sikhs de las castas bajas, Ravidass Ji es tan importante como los diez gurús sikhs lo son para los sikhs ortodoxos. Porque Ravidass Ji, también intocable, fue la primera persona de su casta en alcanzar una posición de liderazgo espiritual a pesar de sus orígenes humildes. Además, 41 de sus bani o poemas religiosos se han incluido en el libro sagrado sikh. Con el ascenso al poder económico de la casta Cham, estos deras y gurdwaras ravidassias han crecido en número y tamaño por todo el Punjab y en el extranjero. En los últimos años, más allá de establecer sus propios templos sikhs, los ravidassias han reafirmado paulatinamente una identidad religiosa independiente y heterodoxa, con sus propios símbolos religiosos, bandera y canto religioso (conocido como Jai Kara), distintos de los de las normas sikhs ortodoxas. Además, muchos ravidassias siguen los santos de los deras dedicados al gurú Ravidass Ji como gurús humanos, lo que está estrictamente prohibido en el sikhismo ortodoxo, ya que los sikhs creen que según las órdenes del décimo y último gurú, su categoría pasó al libro sagrado de los sikhs, el Guru Granth Sahib Ji, que es ahora el Guru Eterno. La identidad religiosa no ortodoxa y las prácticas de los ravidassias son profundamente ofensivas para una parte de la comunidad sikh ortodoxa, que los considera beadbio no respetuosos hacia el libro sagrado sikh. Particularmente, se indignan cuando los santos deras se sientan al nivel del libro sagrado sikh, y son reverenciados; un privilegio que, a sus ojos, está reservado exclusivamente al Gurú Eterno, el libro. Los ravidassias alegan que las castas superiores sikhs (particularmente los jats) tratan el sikhismo como si les perteneciera, no reconocen la contribución de los santos de las castas más bajas a la tradición sikh, y no tratan con el debido respeto al Guru Ravidass Ji, lo que se refleja en su negativa a llamarlo “gurú” (para los sikhs ortodoxos Ravidass Ji es llamado Bhagat o estudiante, no gurú). Además, los ravidassias argumentan que tienen el derecho a la libertad de expresión religiosa. De hecho, después del trágico incidente, un creciente número de ravidassias afirman que “no somos sikhs”.

En respuesta a su exclusión social y religiosa, los sikhs de castas bajas han fundado sus propios templos

De esta manera, cuando un grupo de hombres armados irrumpieron en la Gurdwara Ravidassia en Viena durante la gira europea de dos de los líderes espirituales más importantes del movimiento ravidassia, se pusieron en juego factores religiosos, culturales y económicos. Desde el punto de vista religioso, las prácticas ravidassias son vistas como una afrenta al Reht Maryada, el Código Sikh de conducta impuesto por SGPC (Shiromani Gurdwara Parbandhak Committee), el órgano de gobierno más alto del sikhismo. Los ravidassias fueron por tanto castigados por su desobediencia religiosa. Culturalmente, los intentos ravidassias de lograr una identidad religiosa independiente amenazan el dominio de los símbolos del sikhismo tradicional (por ejemplo, los emblemáticos símbolos conocidos como las cinco k). Estableciendo instituciones religiosas separadas, simultáneamente, los sikhs de casta baja están logrando una identidad cultural que refleja su creciente confianza como grupo. Aunque quizás es menos evidente, el movimiento ravidassia tiene también implicaciones económicas. Cada vez que una comunidad ravidassia en el Punjab o en el extranjero decide establecer su propia gurdwara, la gurdwara precedente en aquella localidad pierde devotos y consecuentemente los sustanciales donativos que conlleva. En el contexto de la diáspora, las donaciones son aún más lucrativas. Las gurdwaras ravidassias no envían parte de sus recaudaciones al SGPC, como hacen otros templos. Así que, a pesar de que los motivos religiosos son predominantes en la disputa entre sikhs ortodoxos y ravidassias, la creciente fuerza económica y social del movimiento ravidassia también es clave. Aunque el discurso de los sikhs ortodoxos suele negar la importancia de la casta en el sikhismo, la multiplicación de las deras y gurdwaras ravidassias revela una realidad más compleja, en la que una casta discriminada y estigmatizada durante mucho tiempo ha escogido una estrategia religiosa para su afirmación social y cultural. Es a través del culto al Guru Ravidass Ji y los símbolos religiosos del movimiento ravidassia como muchos miembros de la casta chamar buscan la igualdad social y el respeto en el Punjab.

Publicado en Dialogal número 31 (Otoño 2009).