Diálogo: Nº 8, verano de 2017


Un fenómeno generalizado, una comunidad afectada

La intención de este diálogo es de profundizar en la identidad y las posiciones de los grupos islámicos llamados «radicales». Para esto se ha desarrollado una perspectiva general previa del fenómeno de la radicalización, necesaria para abordar de manera más precisa la cuestión de la supuesta radicalización del islam.

Taoufik Cheddadi
es islamólogo y sociólogo. Es imam Jatib en varias Mezquitas de España.

Jordi Moreras
es antropólogo, profesor de la Universidad Rovira i Virgili y uno de los investigadores que ha realizado más trabajo de campo y más estudios sobre las comunidades islámicas catalanas.

La radicalización religiosa e ideológica de personas y colectivos que forman parte de nuestra sociedad cada vez más diversa es una preocupación presente en los discursos políticos, periodísticos, sociológicos, teológicos, etcétera. Muchos de estos dan por hecho la radicalización de los ciudadanos musulmanes. ¿Cómo os situáis, primero, respecto al fenómeno de la radicalización y, después, con relación a estos discursos que proliferan?

TAOUFIK CHEDDADI: El radicalismo es un fenómeno muy complejo y extendido, mucho más allá del islam, presente, de manera individual y colectiva, en todas las religiones, culturas o políticas, incluso en el deporte. Aquí intervienen factores individuales y psicológicos, pero también sociales, económicos, teológicos… y para entender esta realidad hay que analizarla desde todas las perspectivas. Por otra parte, el concepto tampoco es unívoco. Si lo utilizamos como sinónimo de «fundamentalismo», debemos saber que este fenómeno tiene un origen cultural determinado –occidental y cristiano evangélico- que no se puede trasladar como si nada al mundo islámico. La Real Academia Española, sin embargo, vincula la primera acepción de fundamentalismo solo con el islam. Son usos y cargas conceptuales muy influyentes.

JORDI MORERAS: Si nuestras sociedades están, en general, cada vez más polarizadas es porque hay sectores que se están radicalizando. Cada vez hay más gente para la que sus ideas son las únicas, las mejores y las que se deben imponer. Es un fenómeno social que va mucho más allá de cualquier religión. La radicalización, antes de nada, es un proceso social: estar «radicalizado», ser un «radical», es un estado y en ningún caso una condición. No hay comunidades religiosas o culturales que en esencia sean radicales o que muestren una predisposición a radicalizarse. El proceso de radicalización sitúa las convicciones colectivas en la identidad propia del individuo, hasta el punto de modificar de forma prescriptiva el tipo de relaciones sociales que éste debe mantener con los miembros de su comunidad y, especialmente, con aquellos que no formaban parte de esta. La radicalización abre el camino a cerrarse sobre uno mismo, a replegarse comunitariamente. Las causas que inician este proceso tienen más bien un carácter contextual, no psicológico.

T.C.: El islam ha sufrido el radicalismo desde el primer día, incluso en su peor expresión, la violencia, desde que los compañeros del Profeta se enfrentaron al problema de la sucesión política. Como consecuencia de esta cuestión tres de los cuatros primeros califas murieron asesinados y de aquí también surgen las grandes fisuras entre sunitas, chiitas y otras escuelas. Pero de esto, que es innegable, no se puede inferir y prejuzgar que el islam sea esencialmente violento, tal como han hecho muchos intelectuales occidentales que han fomentado una cultura islamofóbica. Ser musulmán no quiere decir ser radical, fundamentalista, ni mucho menos terrorista. Nadie dice, por ejemplo, que el terrorismo de Al-Qaeda o del Daesh ha matado más musulmanes que nadie. Tampoco que desde el interior del mismo islam es desde donde más se está trabajando contra la ignorancia o la mala interpretación de los textos.

«Nadie dice que es desde el interior del mismo islam desde donde más se está trabajando contra la ignorancia y la mala interpretación de los textos». T.C.

J.M.: El radicalismo religioso es un fenómeno extremadamente moderno, relacionado con la búsqueda de la pureza absoluta del mensaje doctrinal originario, que se cree que ha sido pervertido a lo largo de la historia, a través de interpretaciones y añadidos culturales que se deben depurar. Es un episodio más en la larga historia de la búsqueda de la pureza doctrinal, que siempre ha opuesto ortodoxias y heterodoxias. Y este camino es totalmente contemporáneo, como un intento para estar presente en este mundo global, donde las referencias se vuelven más complejas y las inseguridades crecen. Entre los italianos que al comienzo de siglo XX emigraron a Nueva York se produjo un proceso de reafirmación de la identidad religiosa católica en un contexto cultural y espiritual protestante. Si en aquellos tiempos algunas personas se refugiaron en la religión como una forma de situarse en un nuevo contexto social, ahora se puede observar el mismo proceso entre los musulmanes de origen inmigrante que viven en Cataluña. Pero esto no quiere decir que a todos ellos la identidad religiosa los desvincule de su contexto social. Pero es cierto que cualquier integración formula incertidumbres para los individuos, de las cuales se pueden aprovechar interpretaciones radicalizadas.

Estáis de acuerdo que es un fenómeno polifacético, con desencadenantes y manifestaciones no solo religiosas. De todos modos, ¿qué pistas podríais indicar para abordar su dimensión específicamente religiosa?

T.C.: Es la religiosidad –la práctica y la comprensión de una religión por parte de una persona-, y no la religión, la que puede radicalizarse y defender lecturas literales, códigos de conducta puritanos, etcétera. Sin embargo, los factores económicos y políticos no se pueden perder de vista. Especialmente cuando en tiempo de crisis –y emigrar en sí mismo ya es una situación de crisis- las personas sienten cuestionada su identidad. Y con la religión Europa tiene un problema, porque todavía no tiene superadas las disputas entre fe y razón, Iglesia y Estado. Cuando el Papa recuerda las raíces cristianas de Europa se le acusa de «fundamentalista»… Son antagonismos que condicionan la manera como los europeos perciben a los inmigrantes.

J.M.: Las interpretaciones religiosas radicales a menudo son heterodoxias que buscan convertirse en ortodoxias, es decir, que el poder político las acabe legitimando como correctas y adecuadas. Muchas veces, estas lecturas intentan desmarcarse del contexto social donde se encuentran; por eso buscan y encuentran la reacción de éste. Quizá nos gustaría que esto no pasase, pero creo que por sí mismo no es malo que haya gente con convicciones religiosas fuerte, hecho que, para empezar, nuestra constitución permite. El problema es más bien si estas convicciones consideran apropiado convivir o relacionarse con aquellos que no comparten sus creencias. Un modelo social en el que la gente se sienta extraña por el hecho de formar parte de él nos debería hacer reflexionar. Como también el modelo actual de la polarización discursiva. Me impresionaron mucho los atentados de Oslo de 2011, porque el autor de los mismos atacó no a sus enemigos «externos», sino a aquellos que formaban parte de su mismo universo social y solo por el hecho de que tenían ideas diferentes. Se demostró que aquella persona se había radicalizado leyendo discursos radicales contra el islam… Y algunos de estos discursos de odio también están presentes en nuestro país. En este contexto global de referencias confusas se hace muy difícil discernir los componentes fundamentalmente religiosos que se relacionan con colectivos como los musulmanes. Por ejemplo, el hecho de que las mujeres lleven el hiyab cuando antes no lo llevaban no es, como se pretende, un indicador de radicalización. Es una forma de identidad personal, que resulta de un proceso de individualización religiosa, perfectamente compatible con nuestro contexto de secularización.

«Los primeros afectados por los procesos de radicalización no son las sociedades europeas, sino la mismas comunidades musulmanas». J.M

Entonces, la radicalización –entre otros- de musulmanes, si bien existe, es minoritaria. En cambio, en los discursos predominantes se presenta como si fuese mayoritaria.

J.M.: Hace cuarenta años que los musulmanes están presentes en Cataluña y la mayoría de dinámicas que han generado no han tendido a la radicalización. El radicalismo no está entre las dinámicas más determinantes del islam catalán y, en cambio, sí que lo está la secularización o lo que representa la reinterpretación personal de las convicciones religiosas. Es cierto que la radicalización puede establecer un punto de inflexión que se debe tener en cuenta, pero no podemos considerarla una tendencia general. Lo habitual sigue siendo disfrutar de una convivencia amable y no solo circunstancial. Y a aquellos que explican que el buen camino pasa por romper con todo lo que ha construido esta comunidad en los últimos decenios, no todo el mundo está dispuesto a hacerles caso, ni mucho menos… Lo que es preocupante es que a diferentes voces, totalmente desconocedoras de la realidad de estos colectivos, se les dé credibilidad pública y anuncien que el radicalismo constituye irremediablemente la estructura vertebral de los musulmanes catalanes. Se sobredimensiona tanto la presencia de los radicales así como sus planteamientos, que este hecho contribuye a poner en riesgo la convivencia en nuestros barrios y ciudades. Estamos ante argumentos que esencialmente también son radicales: radicalmente ignorantes, éticamente cuestionables y cívicamente irresponsables.

T.C.: La radicalización se utiliza para distraernos de la crisis, el paro… Los musulmanes tenemos miedo: nos sentimos perseguidos, «presuntos terroristas hasta que no se demuestre lo contrario». Se ataca a nuestras creencias, símbolos, espacios… con campañas políticas, ordenanzas municipales y leyes constantemente reformadas como las de extranjería o terrorismo. La política, precisamente, siempre ha tenido que ver con los radicalismos musulmanes que han surgido: en la crisis del Golfo, Argelia, Afganistán, Irak, Palestina, en la colonización, etc. Pero no es solo esto, ya que también se debe renunciar a la radicalización intelectual de los que fomentan un choque de civilizaciones y profetizan una guerra de religiones: Samuel Huntington, Bernard Lewis, Oriana Falacci y otros.

A la hora de frenar esta radicalización generalizada de la sociedad, ¿qué responsabilidades se deben exigir a los musulmanes?

J.M.: Las comunidades musulmanas todavía no han podido consolidar su presencia en el espacio público español, hecho que les posibilitaría responder a los argumentos críticos contra ellos. Tampoco han podido definir un espacio de discusión propio en el cual debatir sobre su futuro. Esto debilita a cualquier grupo social, especialmente cuando éste se encuentra profundamente cuestionado por lecturas muy concretas de su doctrina y tradición. Quizá se debería tener bien presente que los primeros afectados por los procesos de radicalización no son las sociedades europeas, sino las mismas comunidades musulmanas. Es fundamental pensar que, en todo aquello que se pueda hacer en contra de la radicalización, las comunidades musulmanas deben estar presentes y no solo, como habitualmente se ha considerado en Europa, en clave de seguridad y control. Esta forma de proceder ya ha dado pie a situaciones en que los derechos civiles de algunas personas pueden haberse visto conculcados, en que se las ha acusado de terrorismo cuando después han resultado ser inocentes. La gran paradoja que hoy formulan las iniciativas de contra-radicalización en Europa, que insisten en el necesario empoderamiento de las comunidades musulmanas para hacer frente a estas lecturas rupturistas y polarizadoras, es saber por qué no se hicieron antes. ¿Quizá porque no se tiene suficiente confianza en la creación de comunidades religiosas socialmente activas y reivindicativas?

«Hay comunidades de todo tipo, algunas muy cerradas. Pero las condiciones dificultan mucho salir del gueto». T.C.

T.C.: Los musulmanes europeos también tenemos nuestras responsabilidades. A pesar de que el islam es uno, los musulmanes somos diversos. Por esto, el Corán y la tradición, juntamente con la ijtihad (el esfuerzo intelectual de interpretar los textos), nos aportan herramientas para adaptarnos a contextos diferentes. La historia del islam y de sus escuelas jurídicas es una historia de adaptación: social, cultural, económica, religiosa, científica, política, etc. Éste es el gran reto y debate de los musulmanes europeos: cómo ser ciudadanos europeos musulmanes –con derechos y deberes- y qué aportaciones podemos hacer. El islam es perfectamente compatible con la democracia y los valores de la sociedad occidental. De hecho, el reconocimiento de nuestra aportación histórica y cultural en Occidente es todavía una asignatura pendiente.

Hemos de dialogar más entre nosotros, conocer nuestras culturas, religiones, etc. Tenemos y hemos de buscar los valores comunes (la libertad, la solidaridad y la igualdad) que no son exclusivos de los occidentales ni de los cristianos. Debemos hacer esta pedagogía conjuntamente. Esto, combinado con la mejora de la situación económica y la buena voluntad de todo el mundo, es la mejor manera de luchar contra el radicalismo.


Publicado en Dialogal número 40.