Diálogo: Nº 5, mayo 2015


Conversación entre una judía y una musulmana

por Gloria Pallarés, periodista.

Xantal Genovart Millet

Barcelonesa convertida al islam en 1997. Es miembro de la “Asociación de Musulmanes en Cataluña” y del “Centro Cultural Islámico de Sants”. Trabajó en la Patronal CECOT de Terrassa como mediadora cultural y coordina un programa de inserción laboral para personas inmigradas.

Dalia Levinsohn Marcovich

Israelí residente en Cataluña, donde ejerce de abogada especializada en comercio exterior y litigios internacionales. Es secretaria general de la “Federación de Comunidades Judías de España” y vocal de la junta directiva del “European Jewish Congress”. Presidió la Comunidad Israelita de Barcelona entre 1999 y 2005.

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¿Hay una espiritualidad femenina?

Dalia Levinsohn: La mujer tiene una sensibilidad diferente a la del hombre, sobre todo en cuanto a su figura de madre y esto condiciona la forma de vivir la religión. Yo no vivo el judaísmo como simple individuo, sino como mujer que tiene una familia. La mujer judía, para mí, es la madre y esposa judía, y su vivencia de la religión está vinculada a su papel como transmisora ​​de las tradiciones judías en el seno de la familia. Los hombres y las mujeres somos iguales en muchos aspectos pero, como judía, pienso que hay un reparto de las funciones.

Xantal Genovart: Sólo he vivido la religión como mujer y por tanto no lo puedo valorar. De todas formas, los textos sagrados no establecen diferencias en la forma en que el hombre y la mujer deben relacionarse con Dios.

¿Cuál es el rol de la mujer en vuestra tradición religiosa?

XG: El islam, decía, no distingue entre hombre y mujer, rico y pobre, una u otra etnia. Sólo valora la relación de la persona con Dios. El Corán especifica los dos géneros en varios pasajes y habla, por ejemplo, de los y las creyentes, de los y las que hacen Ramadán, etcétera. Sí creo, sin embargo, que la mujer es mejor educadora y transmisora ​​de las tradiciones a los hijos, sin que ello le impida desarrollar funciones fuera de casa. La mujer no está obligada a ir a la mezquita el viernes, posiblemente porque la tradición –no las Escrituras– la sitúa en el hogar. En mi casa, por ejemplo, cocina mi marido.

DL: Los hombres y las mujeres son iguales, pero la mujer está exenta de algunos preceptos como asistir a la sinagoga porque su gran sinagoga es la casa. El objetivo es que pueda dedicarse a transmitir los valores y las tradiciones judías a los hijos a través de, por ejemplo, la preparación de la casa y de la comida típica en las celebraciones. Esto tampoco es incompatible con el trabajo. Yo misma pertenezco a una comunidad ortodoxa y tengo una profesional liberal. Recuerdo cuando mi hija adolescente, sin que yo se lo pidiera, preparó la mesa, encendió las velas y sacó el libro de oraciones y el vino. Y también otro momento cuando, estando en el cine con mi hijo de cuatro años, vio que se encendían unas velas en la pantalla y se tapó instintivamente la cabeza con la mano, como si fuera una kipá. En estas ocasiones veo cumplida mi misión, como mujer, de transmitir la tradición judía a los hijos. No se me ha ni ocurrido que esta responsabilidad recaiga en mi marido. No por una cuestión sexista, sino porque considero que la mujer tiene una misión de transmisión. Esta es una de las claves de la pervivencia del judaísmo.

"Algunas personas se lamentan por mí y me quieren liberar, pero yo he elegido mi creencia y nunca habría optado por una que me hiciera sentir despreciada"

¿Todas las corrientes de su tradición religiosa comparten la misma visión sobre el rol de la mujer en la comunidad?

DL: Las tradiciones judías reformistas han cambiado el papel de la mujer sobre todo dentro de la sinagoga, donde se les permite participar activamente en la liturgia. A diferencia de ellos y como miembro de una comunidad judía ortodoxa, pienso que, para mantener el judaísmo, la tarea de transmisión de hábitos y valores se ha de realizar siguiendo la tradición. El judaísmo implica la transmisión de un sistema religioso, social y cultural y la tradición es lo que la ha mantenido a lo largo del tiempo. Por eso la Torá es una norma de vida que cohesiona la familia y el grupo. Los judíos siempre hemos vivido en comunidad con conciencia de formar parte de un pueblo, aunque haya miembros agnósticos e incluso ateos. Dentro de todo esto, las ideas más machistas posiblemente las tienen los más extremistas.

XG: Hay mujeres, como las marroquíes, que no ven el hecho de quedarse en casa con los hijos como una obligación, sino como un derecho. Es una manera de ver las cosas y la respeto profundamente. Yo dejé de trabajar durante cuatro años después de tener mis primeros dos hijos y lo hice encantada. Cuando se habla de machismo hay que diferenciar cultura de religión. Lo que ocurre es que en varios países musulmanes hay un gran desconocimiento de la propia religión y ésta es instrumentalizada de forma interesada para dictar el rol de la mujer.

¿Las mujeres deberían tener un mejor conocimiento de las escrituras para poder distinguir si el rol que se les atribuye proviene efectivamente de los textos sagrados?

DL: Es lógico, la ignorancia es un gran mal y algunos han manipulado y maltratado a las mujeres, sobre todo las analfabetas, sirviéndose de las religiones. Los judíos nos hemos mantenido porque hemos discutido mucho sobre los significados de la Torá y las mujeres, a pesar de que tradicionalmente no participan en la liturgia, no están excluidas de este debate. La Biblia retrata elementos machistas propios de la historia antigua, pero en la actualidad hay mujeres abogadas expertas en derecho rabínico que forman parte de los tribunales rabínicos.

XG: En el mundo árabe, hace 1.500 años y en época del Profeta, se puso por norma que tanto niños como niñas estudiaran el Corán. Desafortunadamente, una de las primeras medidas que tomaron las fuerzas coloniales fue prohibir el estudio, por lo que el analfabetismo es un fenómeno relativamente reciente. En la actualidad, cada musulmana o musulmán debe responsabilizarse de conocer las escrituras y de profundizar por cuenta propia en el conocimiento de la religión. Además, conocer los textos es básico para poder defender los propios derechos.

En algunas tradiciones la figura de Dios está asociada al género masculino. ¿Qué relación hay entre la deidad y el género a su religión?

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DL: En el judaísmo se habla de Dios como Señor y como Padre nuestro, pero no hay representaciones del Creador. Sin embargo, en hebreo la palabra misericordia viene del término útero y por tanto esta cualidad está asociada a la feminidad. La figura del Creador es de hecho una figura neutra, impersonal. La tradición es la que es, pero yo –como primera mujer presidenta de una comunidad judía ortodoxa en España– no vivo el judaísmo como una religión o una cultura machista. A la hora de hacer el discurso del año nuevo en la sinagoga –tradición que se da en todo el mundo y que recae en el presidente de la comunidad– se me planteó que hablara desde el balcón de las mujeres (los hombres se encuentran en la planta baja de la sinagoga). Después de un proceso de negociación con el rabino, se encontró una fórmula para que hablara desde la planta baja del templo una vez terminadas las oraciones, de modo que no se vulnerasen las creencias ni las tradiciones de la comunidad ortodoxa. Ese día nadie me criticó por ser mujer.

XG: La palabra Alá no tiene género ni número, no está vinculada a la masculinidad. A pesar de que algunas sociedades árabes tienen tradiciones que se pueden considerar machistas. Hay que recordar que el islam no es exclusivo del mundo árabe y que se basa en la relación directa entre Alá y el creyente. En algunos casos se victimiza a la mujer que forma parte de ciertas tradiciones religiosas.

¿Cómo reaccionáis ante este punto de vista?

"La mujer tiene una misión de transmisión y ésta es una de las claves de la pervivencia del judaísmo"

XG: Algunas personas se lamentan por mí y me quieren liberar,pero yo he elegido mi creencia y nunca habría optado por una religión que me hiciera sentir despreciada o en una situación de inferioridad. He encontrado mi plenitud como mujer en el islam y cuestiones como la separación de hombres y mujeres en la mezquita no me molestan porque allí se va a rezar, no a conversar. La pena es que hay mil estereotipos y el velo se asocia siempre con sumisión. El machismo no está relacionado con la forma de vestir, sino con el respeto a las personas.

DL: Yo no siento ni veo que mi religión discrimine de ninguna manera. No poder sentarse con los hombres en la sinagoga tampoco me supone un problema, porque el objetivo de la liturgia es encontrarse con uno mismo. Por primera vez en la vida, con 58 años, vi una niña leyendo la Torá en una “celebración de la mayoría de edad” en una comunidad reformista. Sentí muchas cosas muy contradictorias. A pesar de ser un día muy importante, mi hijo lo ha experimentado pero mi hija no. Por otra parte, doy mucha importancia a las tradiciones judías y ésta es una tradición más, por tanto no me causa malestar. Cuando tenía 18 años y empecé a estudiar la liturgia pensé que era una pena que las mujeres no pudieran ser rabinas. Con 21 años viajé a Estados Unidos y entré en una sinagoga reformista: los hombres no llevaban la cabeza cubierta y en el altar había un hombre y una mujer vestidos de blanco. Después de escucharlos llegué a la conclusión de que no me identificaba con ellos. Todos necesitamos símbolos como la kipá, porque forman parte de nuestra tradición.

¿Qué mujer consideráis un referente en vuestra tradición religiosa?

XG: Para mí es muy significativa Khadija, una comerciante de unos 35 años muy respetada que pidió la mano del Profeta y se casó cuando Muhammad tenía unos 25 años. Una mujer fuerte, con empuje y un gran puntal para el Profeta.

DL: La mujer judía a quien más admiro es Golda Meir, que fue presidenta de Israel. Meir luchó por los judíos y consiguió que el pueblo judío sea uno de los que forman parte del actual Estado de Israel. Simone Weil, abogada y política francesa, me parece destacable por su defensa extraordinaria de los derechos humanos y de la mujer en circunstancias muy difíciles. No soy partidaria de destacar mujeres bíblicas. Todas tienen historias bonitas, pero que en general me parecen algo antifeministas.

¿Qué os aporta vuestra tradición religiosa?

XG: No me imagino mi vida sin mis creencias y espero seguir profundizando en la fe hasta el momento de mi muerte. Me hace mejor como persona y la considero la ética perfecta, dada por Dios, que es Él que nos ha creado y Él que mejor nos conoce.

DL: Me aporta mi identidad. Yo soy judía. El sentido de la vida gira en torno al judaísmo, mi forma de ver las cosas, la formación de mis ideas en las cuestiones más íntimas, lo que me une a la familia –base de la sociedad– y hasta mi activismo. El sentido de la existencia es vivir de acuerdo con las normas y los valores de convivencia que nos han enseñado, en mi caso las que vienen dadas por el judaísmo. En hebreo, por ejemplo, la palabra caridad no existe. Tzedaka (la aportación de una parte de los ingresos para ayudar a los más desfavorecidos de la comunidad) significa 'justicia'. Son todos estos pequeños detalles los que conforman la manera judía de ser y de ver la vida.

Publicado en Dialogal 30 (verano 2009).