Umbrales: Nº 4, diciembre 2014


por Joan-Andreu Rocha, historiador y teólogo.

Amadou Hampâté BâEntre las figuras que, en el contexto de las diversas religiones del mundo, han trabajado para el diálogo entre las tradiciones religiosas, las hay que han realizado este esfuerzo no en medio de conflictos, sino a partir del trabajo constante y a menudo escondido de dar a conocer la propia cultura con todo su bagaje sapiencial e irénico. Son aquellos personajes que no han pasado a la historia por sus grandes hazañas, sino por su discreto testimonio.

Este es el caso de Amadou Hampâté Bâ, un musulmán educado en el sufismo, que trabajó para dar a conocer la tradición oral africana al tiempo que transmitía, con su producción académica y con su ejemplo, los valores dialogantes y universales de la fe musulmana.

Hampâté Bâ nació en Bandia Hara (Malí) en 1901. Creció en el seno de las tradiciones de la minoría Fulani que se encuentra representada en el centro y este de África con minorías bien definidas, muy ligadas a su identidad, y no exentas de divisiones internas. Precisamente, debido a estas divisiones, Amadou recibió una breve formación dentro de la escuela coránica, para luego ser enviado, a modo de castigo, a la escuela francesa.

Una vez acabados sus estudios de secundaria, de 1922 a 1933 trabajó en la administración colonial francesa, en la zona del Alto Volta (la actual Burkina Faso). Después, debido a las reformas realizadas en la administración, tuvo la oportunidad de tomarse seis meses de descanso antes de asumir un nuevo cargo administrativo en Bamako (ahora Mali). Aprovechó esta pausa para formarse espiritualmente junto al místico sufí y amigo de familia Tierno Bokar (1875-1939), de la cofradía Tijaniyyah. Su ejemplo lo marcó profundamente, y dio a conocer su pensamiento mediante uno de sus libros más importantes. Precisamente con Bokar conoció Bâ el valor de la tolerancia entre las religiones, tanto para con las religiones tradicionales africanas como para con el cristianismo en sus diversas manifestaciones. Debido a esta formación no académica, Amadou afirmó a lo largo de su vida que «se graduó en la gran universidad de la tradición oral que se enseña a la sombra de los árboles de baobab».

Aunque Hampâté Bâ tenía una posición importante dentro de la administración colonial de Bomaki, en su autobiografía señalará más adelante que este periodo fue de los más duros de su vida: el grupo sufí al que pertenecía estaba tachado de subversivo, por lo que estuvo bajo sospecha ante las autoridades coloniales, lo que le hizo objeto de diversas discriminaciones e injusticias.

Ante esta situación de incertidumbre, el año 1938 Bâ se puso en contacto con el científico y místico francés Theodore Monod (1902-2000), director del Instituto Francés del África Negra (IFAN) de Dakar, a quien envió un manuscrito sobre las enseñanzas de Tierno Bokar, para su publicación. La obra se publicó en 1957 bajo el título Vida y enseñanzas de Tierno Bokar, el sabio de Bandiagara. La figura y espíritu de Tierno Bokar, transmitida con entusiasmo por Hampâté Bâ, impactó en el mundo cultural francés, hasta el punto de que fue objeto de una adaptación teatral el año 2005, titulada «Tierno Bokar: una exploración teatral de la tolerancia», a cargo de Louis Brenner, Peter Brook y Gregory Mosher, desafortunadamente poco divulgada en el ámbito mediterráneo.

Monod, además de ser un científico polifacético (reconocido por sus descubrimientos arqueológicos en diversos lugares de África y por el descubrimiento de diferentes especies botánicas), era un cristiano protestante de profundas convicciones religiosas. De este contacto surgió una estrecha amistad espiritual, hasta el punto de que Amadou diría más tarde que Monod fue «uno de sus padres espirituales», pese a no ser musulmán. La correspondencia entre estos dos hombres de Dios es un testimonio vivo de una amistad interreligiosa, dialogante y empática.

En 1942 Monod logró que Hampâté Bâ formara parte del IFAN como investigador, liberándole así de las intrigas y sospechas de las que era víctima en la administración colonial francesa. Durante este periodo, nuestro personaje colaboró con el IFAN en diversos lugares de África del Este, donde recogía por escrito la tradición oral religiosa de varias tribus, estableciendo una relación estrecha con las autoridades religiosas de las tribus que visitaba. La conciencia de Bâ sobre el valor de estas ricas y desconocidas tradiciones le llevaba a afirmar a menudo que, en África, «cada vez que muere un anciano es como si se quemara una biblioteca».

En 1951 Hampâté Bâ pasó un tiempo en Francia, donde conoció personas relevantes del mundo cultural francés, por ejemplo el islamólogo Louis Massignon, un sacerdote católico involucrado en el diálogo islámico-cristiano. Poco después, fue elegido delegado de Mali en la UNESCO, institución con la que colaboró ​​activamente hasta el punto de que, en 1960, fue elegido miembro de su consejo ejecutivo, cargo que ostentó durante cuatro períodos. Con la UNESCO, promovió el estudio y la conservación de las tradiciones orales de África. Pero, sobre todo, trabajó para consolidar un espíritu de diálogo y de tolerancia, particularmente entre cristianos, musulmanes y creyentes de las religiones tradicionales africanas.

"Comprendió todo lo que pudo de los cristianos, sin diluir nunca su fe musulmana"

Hampâté Bâ no diluyó o rebajó nunca su fe musulmana. Fiel a las enseñanzas del Corán y de su maestro Tierno Bokar, insistía en la unidad divina y en el carácter no divino de Jesús. Aún así, comprendía todo lo que podía aprender un musulmán del testimonio de Jesús y de los cristianos. Este espíritu queda patente en su libro Jesús visto por un musulmán, publicado en 1994.

Nuestro personaje murió en Abiyán (Costa de Marfil) en 1991, dejándonos un rico legado que recoge la tradición oral africana, traducciones e incluso intervenciones en la televisión (algunas de ellas disponibles en Internet). Pero su legado más importante radica en el esfuerzo por testimoniar y dar a conocer la tradición cultural y religiosa de su continente dentro de un espíritu dialogante y tolerante, haciendo accesible su sabiduría y espíritu de paz, sea con las personas que encontraba como con los escritos que difundía como estudioso. La historia no ha hecho justicia a este sabio africano, que merece, sin duda, un lugar entre los personajes del diálogo interreligioso.

Publicado en Dialogal número 47 (otoño 2013).