Tradición: Nº 1, agosto-septiembre 2013


Sergi Rodríguez: Autor de Gitanidad. Otra manera de ver el mundo (Kairós, 2011)

  • La bandera gitana, inspirada en la rueda hindú de los chakras

    La bandera gitana, inspirada en la rueda hindú de los chakras

Sea por su origen indio, sea por las difíciles circunstancias que han tenido que sufrir, la religión ocupa un espacio central en la cosmovisión gitana. En pocas culturas occidentales la fe ocupa un lugar social tan destacado, y para pocas personas resulta tan importante el hecho de creer. Ser gitano, entre otras cosas, implica creer y hacerlo a la manera gitana. De hecho, no existe una religión gitana, sino una religiosidad gitana. En su proceso migratorio, que les hizo abandonar la India en el siglo X e implantarse en Europa durante el XV, los gitanos han ido adoptando la tradición religiosa de su entorno inmediato. Aún más, han terminado por vivir a la manera gitana, añadiendo esos nuevos elementos religiosos al sustrato originario de religiosidad hindú.

Quedan varios elementos de este origen religioso indio, como la percepción de que la divinidad se esconde detrás de las cosas (el mâyâ hindú, que reside en el respeto gitano hacia la naturaleza) y el sentimiento de que lo divino interviene cotidianamente en lo profano. Esto les hace estar siempre abiertos a la realidad. Habría que añadir el carácter emotivo de la experiencia religiosa, que les hace vivir cualquier celebración con los sentimientos a flor de piel. El encuentro con el judaísmo y el islam les llevó a fortalecer la entrega comunitaria como vía de salvación. Y del cristianismo asumieron la codificación del propio comportamiento con vistas a esa salvación y la articulación de la vivencia de la fe mediante un sistema de mediadores (sacerdotes o pastores) y de mediaciones (personas sagradas o textos sagrados).

Hoy en día, la mayoría de los gitanos son cristianos: dos partes de ellos son pentecostales, una parte católicos y el resto ortodoxos. Estos últimos viven sobre todo en los países del este de Europa, aunque las migraciones posteriores a 1989 los han traído aquí, donde una parte ha acabado por asumir el pentecostalismo. Aparte del cristianismo, hay también un grupo de gitanos musulmanes establecidos en los países de los Balcanes y en Irak (básicamente en Bagdad y ad-Diwaniya). Y algunas comunidades aún más pequeñas dan vida al judaísmo gitano, localizado en Haifa y en el barrio de Bab el-Huta de Jerusalén, donde son conocidos en árabe como Nawar (herreros). La no creencia es un fenómeno muy reciente y apenas significativo.

Todos ellos comparten, por ejemplo, unos mismos mitos que dan explicación al origen,  carácter o final de la existencia. Han llegado hasta la actualidad por medio de cuentos o historias relatadas en el seno de la comunidad, en torno a una hoguera (incluso en contextos urbanos), y no han sido compilados hasta muy recientemente. La mayoría hace referencia a la creación divina de los gitanos, su centralidad en la creación, el carácter transitorio de toda propiedad o el encuentro con lo divino al final de la vida.

La entrega a la propia comunidad como vía de salvación, noción muy oriental, está presente también en todos los grupos de creyentes gitanos. Sienten que asumen la plenitud como personas, y que cumplen la ley divina en la medida en que son buenos hijos, esposos y padres y establecen vínculos de solidaridad con el resto de gitanos. La lengua gitana no conceptualiza alos no gitanos como personas, sino como gente (manush), extraños (gadje) en su mundo. Y la estancia entre los no gitanos (el jado), aunque no se explicite o se asuma conscientemente, es percibida como fuente de impureza, porque resta energía espiritual (la dji).

Los gitanos han encontrado, en las religiones que han asumido como propias, formas de expresar los elementos hindúes que conocían

Resulta curioso ver cómo los gitanos han encontrado, en las religiones que han asumido como propias, formas de expresar los elementos hindúes que conocían. Sería algo similar a los homeomórficos de Raimon Panikkar. Por ejemplo, hoy en día, los gitanos usan la palabra rasaj (sacerdote brahmánico) para referirse a rabinos, sacerdotes católicos, pastores protestantes o imanes; kanghreri (templo hindú) para nombrar sinagogas, iglesias, templos o mezquitas; devel (el Krishna hindú) para hablar de Yahvé, Dios o Alá; menga para hacer referencia a los seres malignos que citan tanto la Biblia como el Corán; ujo (puro) y Melal (impuro), para referirse a las nociones de gracia y desgracia (judaísmo y cristianismo); o halal y haram (Islam) y batx, que recoge el estado en el que vive el creyente cuando cumple los preceptos del judaísmo (la justicia), el cristianismo (la gracia) o el Islam (la baraka).

Común a todos los gitanos, y de origen igualmente hindú, es también el sentido experimentable de la fe, que no se transmite de forma abstracta, mediante discursos teóricos, sino de forma vivencial. Y, dado que la divinidad reside en las cosas mismas, no fuera de ellas, la repetición de ciertas palabras traerá buena o mala suerte y la adopción de determinados movimientos situará a la persona en sintonía con la divinidad. Quizá el máximo exponente de ello sería la boda gitana, donde el enaltecimiento de la virginidad recuerda el sacrificio hindú de la primicia; para las bodas, precisamente, se reserva la alboreá, un tipo de música que utiliza la misma escala tonal bairah de la música carnática de la India.

Hay muchos otros elementos hindúes que conserva la religiosidad gitana actual. Como la realidad es una y ordenada, los que se han reunido de nuevo con la divinidad no son muertos sino fallecidos (mulas), y su presencia e intercesión es sentida de forma muy cercana por los familiares. En Navidad los gitanos cristianos comen juntos un guiso con hinojo, a la manera del pan ácimo de los judíos, que les recuerda su partida de Kannauj (en la actual Uttar Pradesh), precisamente el 20 de diciembre de 1018. La devoción a santa Sara, que se venera en el santuario de Saintes-Maries-de-la-Mer, sustituyó la de la diosa india Sakti, al igual que el trushul (tridente de Shiva) pasó a ser el trixul (cruz de Jesucristo). Por último, la rueda hindú de los chakras tambiénes un elemento omnipresente de la cultura gitana.

Publicado en Dialogal 39 (otoño 2011)