Tradición: Nº 5, mayo 2015


porJaume de Marcos, presidente de la “Asociación UNESCO para el Diálogo Interreligioso” y antiguo secretario del “Consejo Internacional de las Iglesias Unitarias y Universalistas”.

tradicion1

Cuando algunos autobuses de la ciudad de Barcelona mostraron, en 2009, un anuncio con este texto: "Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida", resurgió la vieja polémica: "ateos” contra "creyentes". El enfrentamiento, una vez más, parecía claro, los bandos estaban bien definidos y cada uno sabía dónde situarse. Pero casi nunca las cosas son tan simples como pueden parecer a primera vista. La cultura catalana, fuertemente influida por la tradición francesa de la “laïcité”, ha identificado generalmente el ateísmo con el rechazo de todo sentimiento y práctica religiosa, como si fueran dos ámbitos opuestos e incluso incompatibles. Ante la religión, principalmente la cristiana, que es percibida como fuente de superstición, ignorancia y represión ideológica y moral, la razón y la ciencia se presentan como referencias fiables de conocimiento que garantizan el desarrollo y el progreso humano, así como la liberación individual y social. 

La desaparición de la religión o al menos su reducción a la irrelevancia, se considera parte integrante y necesaria de este proceso liberador. En cambio, dentro del ámbito cultural de Occidente, el ateísmo o el agnosticismo y la religión no siempre han estado separados y contrapuestos. En el mundo anglosajón y –a menor escala– también en el germánico y nórdico, se han desarrollado expresiones de tipo religioso que no incluyen, entre sus creencias y principios fundamentales, ninguna idea de un dios creador ni tampoco ninguna entidad o categoría sobrenatural, sino que se han centrado en la vida y, particularmente, en la experiencia humana, como fuente de inspiración y reverencia. Estas expresiones occidentales no teístas son conocidas, especialmente en Estados Unidos y otros países de cultura anglosajona, como humanismo o, más concretamente, humanismo religioso. Hablando de humanismo religioso es necesario, por un lado, distinguirlo del "humanismo cristiano" que tuvo relevancia a nivel filosófico y teológico a mediados del siglo XX. Tampoco hablamos del humanismo clásico, identificado con el Renacimiento, que tuvo figuras tan destacadas como Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro entre otros. Aunque los humanistas religiosos modernos se sentirían bien representados por algunos de los humanistas clásicos, su enfoque del fenómeno religioso y su interpretación del valor de la ciencia y el conocimiento son bastante diferentes. 

Finalmente y casi de forma anecdótica, hay que aclarar que el humanismo religioso tampoco tiene casi nada que ver con los mal llamados "humanistas" seguidores del profeta argentino Silo, un grupo cercano a los postulados de la Nueva Era, que a menudo ha tomado palabras de otras corrientes de pensamiento para dar nombre a sus asociaciones, con el fin de ocultar la verdadera identidad del grupo, como por ejemplo el "Partido Humanista" (que se ha presentado en numerosos procesos electorales sin ningún éxito) o los "Verdes ecologistas".

Antecedentes históricos

tradicion 2

Los antecedentes de los humanistas religiosos modernos son la corriente teológica llamada "deísmo". Los deístas, que estaban fuertemente influenciados por el racionalismo de la Ilustración y tuvieron un papel muy destacado en las revoluciones francesa y norteamericana de finales del siglo XVIII, pensaban que tal vez había un Dios que había creado el mundo, pero luego se desentendió (convirtiéndose en un deus otiosus, un dios pasivo e indiferente), y ahora el mundo y la sociedad funcionan según sus propias dinámicas y reglas internas. Obviamente, un dios así despierta muy poco interés y ningún afecto y generaciones posteriores ya prescindieron de ello definitivamente. 

El espíritu expansivo y optimista del siglo XIX, cuando las potencias europeas extendieron su colonialismo por todo el mundo y la Revolución industrial generaba una avalancha de nuevos avances y descubrimientos técnicos y científicos, espolearon las corrientes de pensamiento que querían una ruptura definitiva con la tradición religiosa y con la influencia de la Iglesia en la sociedad y la moral. La publicación del libro El origen de las especies, de Charles Darwin, representó un factor crucial en esta lucha entre el racionalismo ilustrado y modernizador frente a unas instituciones religiosas que muchos veían como caducas. Sin embargo, el carácter revolucionario de las investigaciones de Darwin, que ponían en cuestión el origen de la vida y del ser humano defendido en la Biblia y proclamado desde los púlpitos, no sólo promovió el desarrollo del ateísmo y el agnosticismo modernos, sino que llevó a muchas personas de fe a cuestionar las bases de sus creencias. Animó a buscar nuevas respuestas que, siendo fieles al espíritu de su tradición religiosa, debían reformularla y reinterpretarla según los más recientes descubrimientos científicos y un creciente deseo de hacer una religión de este mundo y para este mundo. 

Así fue como, en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, aparecieron algunos movimientos de reforma dentro del cristianismo y del judaísmo, que querían poner el énfasis en la ética y la acción humanitaria, a menudo con un talante reformador y progresista, si no rechazando totalmente, sí dejando cada vez más al margen las doctrinas y los dogmas heredados del pasado. Uno de los primeros ejemplos de estos movimientos renovadores fue el que impulsó Felix Adler (1851-1933), descendiente de una familia de rabinos alemanes que habían emigrado a los Estados Unidos, fundando la “Sociedad para una Cultura Ética” en 1876 en Nueva York. Ésta fue la comunidad inicial de un movimiento que pronto se extendería por buena parte de Estados Unidos. Sus principios se basaban en una preocupación por el ser humano y su desarrollo ético y moral, donde la religión tenía cada vez menos relevancia. Aunque al principio la mayoría de sus miembros eran judíos, pronto atrajo gente de otras religiones, y también librepensadores y ateos. 

La Sociedad combinaba la acción benéfica con encuentros semanales parecidos a las celebraciones religiosas, pero donde la alabanza a Dios era sustituida por cuestiones de tipo moral y humanitario. Con el paso del tiempo, también incluyeron bodas, funerales, y otros rituales en sus celebraciones. Hoy en día, la “Sociedad para una Cultura Ética” continúa su existencia con más de 4.000 miembros activos, principalmente en Estados Unidos, pero también en Canadá y otros países. Su lema es: "El lugar donde la gente se reúne para buscar lo más Elevado es un suelo sagrado." Sin embargo, los primeros "humanistas religiosos" (aunque no eran conocidos con ese nombre) no sólo formaron sociedades específicas para promover su pensamiento y su acción social, sino que también tuvieron una presencia cada vez más relevante ante las instituciones religiosas ya existentes. Debido al talante renovador y progresista de muchos de aquellos librepensadores religiosos, donde encontraron una mejor acogida fue en las iglesias protestantes más liberales y pluralistas. Fue en algunas de estas iglesias donde los humanistas religiosos encontraron un espacio adecuado para promover sus postulados, particularmente entre los unitarios (partidarios de una interpretación racionalista y modernista de la Biblia, que les llevaba a rechazar la Trinidad y otros dogmas) y en menor proporción también entre los cuáqueros y los universalistas.

El manifiesto humanista

tradicion 3

El movimiento, pues, iba avanzando y difundiéndose, tanto entre las asociaciones "éticas" que en la práctica bordeaban el aspecto religioso, como entre iglesias de corte liberal donde sus principios reformadores eran bienvenidos por una feligresía abierta a las nuevas ideas y al avance científico y racional. De todos modos, les faltaba un texto, una referencia común pública que pudiera utilizarse como base para el desarrollo de sus ideas filosóficas y religiosas y que les diera una identidad específica. Así fue como un grupo de librepensadores y racionalistas éticos, algunos de los cuales eran ministros religiosos (en su mayoría, de la Iglesia unitaria norteamericana), mientras que el resto eran profesores universitarios e intelectuales (el más conocido mundialmente era posiblemente el filósofo y educador John Dewey), elaboraron un documento con una lista de quince puntos que consideraban como elementos básicos y comunes de su pensamiento. 

Así apareció lo que llamaron Manifiesto Humanista, publicado en 1933 y que desde entonces alcanzó una amplia difusión, principalmente en los países de habla inglesa. Una de las consecuencias a largo plazo fue la articulación de un movimiento humanista internacional plural pero coherente, que culminó con la creación de la “Unión Humanista y Ética Internacional” (“International Humanist and Ethical Union”, o IHEU), fundada en Amsterdam en 1952. Los principios de reforma de la religión, presentes en los inicios del movimiento, aparecían reflejados en la introducción del Manifiesto: "Ha llegado el momento de reconocer los cambios radicales en las creencias religiosas que se ha producido en el mundo moderno. Ha pasado el tiempo de hacer simples revisiones de actitudes tradicionales. La ciencia y el cambio económico han roto con las viejas creencias. Las religiones de todo el mundo tienen ahora la necesidad de afrontar las nuevas condiciones creadas por el enorme crecimiento del conocimiento y la experiencia. En todos los ámbitos de la actividad humana, el movimiento vital avanza en la dirección de un humanismo franco y explícito."

Esta declaración fue actualizada posteriormente en dos ocasiones: en 1973, es decir, 40 años después de la publicación del primer manifiesto y de nuevo en 2003. En estos documentos más recientes hay una sensibilidad mayor que en el documento original sobre las mujeres, así como una mayor presencia del pensamiento ecologista. El contenido de tipo explícitamente religioso, en cambio, ha ido disminuyendo. Aunque el desarrollo del humanismo religioso ha sido muy notable en los Estados Unidos, también ha tenido presencia histórica en otros países, particularmente en Alemania, donde grupos derivados del catolicismo y protestantismo liberal evolucionaron hacia el humanismo desde finales del siglo XIX, como la Comunidad Religiosa Libre (Freiereligiöse Gemeinde) y también en otros estados europeos como Gran Bretaña, Bélgica y los países escandinavos.

¿Qué futuro le espera al humanismo?

Aunque las ideas humanistas han tenido un papel muy relevante en el proceso de secularización de Occidente, su articulación asociativa ha sido, como hemos visto, bastante limitada a algunos movimientos minoritarios o como corrientes de pensamiento dentro de iglesias históricas liberales. Un estudio sobre creencias dentro de la “Asociación Unitaria Universalista” realizado en 1997 mostraba que un 46% de los unitarios universalistas estadounidenses se identifican como humanistas. Aunque la cifra representa casi la mitad de los miembros de la iglesia, es notablemente inferior a los porcentajes obtenidos en los años 50 y 60, cuando el humanismo era ampliamente mayoritario. 

En otros movimientos religiosos liberales, como la “Sociedad de los Amigos” (cuáqueros), el número de sus humanistas (que en este caso se denominan "cuáqueros no teístas") también se ha ido reduciendo a medida que el conjunto del cuaquerismo se vuelve más plural y diversificado. El humanismo religioso quizás tendrá dificultades para prosperar como movimiento estructurado, pero seguirá influyendo en nuestras sociedades, aunque sea de forma implícita, en el laicismo cada vez más extendido que, a pesar de su rechazo aparente de lo que es religioso, aún necesita expresar los acontecimientos más importantes de la vida. Estas formas cuasi-religiosas, aunque vaciadas de su contenido teológico: bodas y funerales civiles como los que realizan los ayuntamientos, o iniciativas de crear un tipo de "bautizo laico" u otras formas de espiritualidad no religiosa, demuestran la vitalidad social de una corriente de pensamiento que ha buscado conciliar lo que muchos piensan todavía que es antitético: la laicidad y la espiritualidad.

Grandes principios

  • El Manifiesto Humanista de 1933 enumeraba los puntos fundamentales del movimiento humanista. Estos son los más importantes:
  • El universo es autosuficiente y no creado y todo evoluciona en un proceso continuo.
  • Hay que rechazar todo dualismo entre cuerpo y mente.
  • La religión consiste en las acciones, propósitos y experiencias significativas para el ser humano. Incluye el trabajo, el arte, la ciencia, la filosofía, el amor, la amistad y el ocio.
  • No se puede, por tanto, mantener la distinción entre sagrado y secular.
  • El objetivo del humanismo es una sociedad libre y universal donde la gente coopere de forma voluntaria e inteligente para el bien común.

Para saber más:

Corliss LAMONT, The Philosophy of Humanism.

Javier SÁDABA, El hombre espiritual: ética, moral y religión ante el nuevo milenio.

Edwin Scott Gaustad y Mark A. NOLL, A Documentary History of Religion in America: Since 1877.

Texto del Manifiesto Humanista (1933) (en inglés): http://www.americanhumanist.org/Who_We_Are/ About_Humanism / Humanist_Manifesto_I

Web de la Unión Humanista y Ética Internacional: http://www.iheu.org/


 

Publicado en Dialogal número 32 (invierno de 2009).