A fondo: Nº 2, enero 2014


por Ramón M. Nogués

Catedrático emérito de Biología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Escolapio. Autor de Dioses, creencias y neuronas. Un acercamiento científico a la religión (Fragmenta, 2011).

La curiosidad por el futuro es una prerrogativa singular de la especie humana. Llevados por el río de la evolución, los humanos somos los únicos seres vivos dotados de un yo biográfico singular que enriquece la experiencia del presente con recuerdos que son enseñanzas, y anticipaciones de futuro que nos permiten razonar estrategias de supervivencia. Es normal, pues, y obligado pensar en el futuro. Y ocasionalmente pensamos en el futuro último de todo. Este pensamiento desvela –además de la curiosidad– intereses espirituales, psicológicos, filosóficos o religiosos en proporciones variadas.

Las ganas de vivir necesitan dosis proporcionadas de confianza. A menudo la preocupación por el futuro se convierte en un requerimiento de seguridad para la vida personal, la sociedad o el futuro de todo, y esta búsqueda de seguridad puede cortocircuitar el despliegue de la confianza. Sustituir la necesaria confianza por una pretendida seguridad es un mal negocio psicológico y espiritual. Efectivamente, «saber que no sabemos», en el más profundo sentido espiritual, es una fuente de sabiduría y confianza, mientras que el «creer que sabemos» puede convertirse en una falsa seguridad que inutilice el gran don de vivir confiados.

En todas las culturas, los mitos sobre el origen y el fin de los tiempos han sido la urdimbre donde han bordado el sentido de la vida

Históricamente, en todas las culturas, los mitos sobre el origen y el fin de los tiempos han sido la urdimbre en la que los pueblos han bordado el sentido de la vida. Los relatos son potentes organizadores de la vida mental. En la tradición cultural de raíz bíblica, los relatos poéticos del Paraíso y el de las Apocalipsis han enmarcado la experiencia personal y cultural de las sociedades. Periódicamente, especialmente en momentos de crisis notables, los mitos reviven en forma de profecías concretas, entendidas como predicciones que arrastran la fantasía popular. Pensemos en los milenarismos que, ritmando con el paso de los años y con fantasías numéricas, fascinan a la gente en diferentes épocas históricas. Ahí están las profecías de Nostradamus, poniendo plazos al futuro inmediato, o recientemente [a lo largo del año 2012, véase entrevista más abajo] el resurgimiento de las previsiones de un calendario maya, sin ningún interés como previsión fiable, pero que despierta la atención oportunista de los medios sedientos de viejas novedades, que entretienen, e incluso preocupan, a algunos bobos.

En tiempos de crisis, los mitos reviven como profecías concretas que arrastran la fantasía popular
  • San Juan en la isla de Patmos

    "San Juan en la isla de Patmos" (Très Riches Heures du Duc de Berry, 1412-1416)

Últimamente la ciencia ha tomado el relevo de los mitos clásicos en cuanto a la simbolización de los orígenes y el fin de los tiempos. Nuevos oráculos y profetas, más precisos que los anteriores, pero que también se expresan en forma de “género literario científico», intentan replantear las cuestiones del sentido último y los plazos a prever. Esta aportación científica al tema cuenta con elementos de mayor fiabilidad en cuanto a algunas previsiones.

En el ámbito de la física, por ejemplo, Hawking formula en una especie de orgasmo de definición filosófico-matemática, el sentido último de todo y sus límites iniciales y finales. Hawking es, hoy, el representante más conspicuo de las “teorías del todo», teorías que, consecuentes con su pretensión, quieren aclarar tanto el comienzo como el fin de la realidad. Estas teorías ofrecen una visión completa del “Gran Diseño” (Hawking dixit!). Y, lógicamente, de cómo este diseño puede acabar.

Desde la cosmología, se pueden hacer elucubraciones con base evolutiva sobre cómo la Tierra tiene que esperar su fin en medio de la evolución del Sol. Nuestra estrella de referencia evoluciona hacia la forma de gigante roja, lo que supondría que, tras una época de equilibrio entre la presión interior y la gravitación, en la que el hidrógeno se va convirtiendo en helio, emitiendo una radiación de la que vive actualmente nuestro Planeta, la estrella (el Sol) pasaría a una nueva contracción que llevaría a una nueva dilatación que terminaría (después de engullir Mercurio y Venus) "asando" la Tierra, de forma que se imposibilitara la vida. Esto podría suceder dentro de unos cinco mil millones de años. En un ámbito o escenario más amplio, se puede especular sobre el futuro del Universo o del Multiverso, en base a lo que conocemos o postulamos o imaginamos. El impacto inesperado y poco probable, pero posible, de un gran meteorito que pusiera la Tierra en marcha hacia un proceso de evolución inesperado, podría introducir novedades sorprendentes en esta perspectiva. Es evidente que estas previsiones científicas aportan cambios radicales en las ingenuas imágenes que se habían generado a propósito de los mitos bíblicos, situando el cielo, el infierno o el “purgatorio” en posiciones planetarias concretas. La ciencia nos obliga a desplazar «lugares» hacia “estados sin lugar», o bien el tiempo hacia el no-tiempo, lo que obliga a intensos esfuerzos de corrección de imágenes que es importante no ignorar, a fin de evitar que las formulaciones sobre el futuro queden sin ningún sentido, por ejemplo en el ámbito del lenguaje religioso cristiano. Los “finales”, tal como los hemos propuesto y vivido, quedan sin soporte imaginario y, si no se reformulan, quedan sin ningún sentido.

La ciencia obliga a la religión a corregir sus imágenes para evitar que sus formulaciones sobre el futuro queden sin sentido

Desde la ecología, se hacen consideraciones sobre las formas de sostenibilidad imprescindibles para que la vida pueda seguir colonizando pacíficamente este Planeta Azul. La presencia numéricamente preocupante de la humanidad en la Tierra, asociada a la agresividad y explotación cada vez más intensa de los recursos limitados del planeta, hace temer que podamos ser los humanos los que aceleremos la degradación de nuestra única casa en el Universo, protagonizando una especie de apocalipsis local y para usos particular de nuestra especie, que sería una especie de “fin de todo” para nosotros.

Todo ello conforma los nuevos aspectos –más prestigiosos por su arraigo científico– de las previsiones de futuro que genera la cultura actual.

Estas previsiones merecen, sin embargo, una consideración que vaya más allá de la curiosidad morbosa y pueda favorecer actitudes espirituales positivas a fin de que el futuro nos sirva para vivir el presente. Hay diversas propuestas que intentan formular actitudes espirituales que sirvan de marco para las vivencias personales y colectivas en el horizonte de futuro. Algunas tradiciones religiosas –por ejemplo la cristiana– exhortan a postular que, en cualquier hipótesis, la bondad de Dios es el garante de un futuro con sentido. La propuesta cristiana sobre las postrimerías debe saber expresar que no sabemos nada de ellas salvo la convicción (que es un saber) de que el Misterio que llamamos Dios es Misterio de bondad y acogida. La persona puede descansar confiada en esta perspectiva.

Otros puntos de vista, centrándose en el aspecto enigmático de la existencia de todo, proponen una actitud de escepticismo respetuoso ante los silencios universales. Hay que ser muy respetuoso con los escépticos serios, porque un profundo no saber forma parte de cualquier sabiduría, sobre todo a propósito de sabidurías trascendentales.

Algunos autores como Teilhard de Chardin, en una acometida filosófico-poética, postulan la generalización de una conciencia creciente e indefectible que invadirá el Universo. Teilhard partía de una excelente formación científica, pero sus consideraciones sobre la evolución de la conciencia son simples sugerencias surgidas a partir de una creatividad simbólica, gratuita y especulativa.

Hay quien, como Hawking, anuncia una comprensión radical de todo a través de una teoría universal que será capaz de satisfacer la sed de saber, tanto de los sabios como de cualquier persona, de manera que todos podrán entender todo, llegando a una comprensión espiritual total de la realidad. La propuesta de Hawking es intelectualmente totalitaria, en el sentido de que pretende abarcar todo lo que es pensable sobre la realidad, reivindicando que la física-matemática debe excluir la filosofía y cualquier otra forma de conocimiento.

La tarea mental que nos corresponde hacer es la de compaginar curiosidad, confianza, lucidez y aceptación del reto de descubrir o dar sentido a todo, lo que parece una exigencia bastante irrenunciable de la mayoría de personas. Desde esta perspectiva estaría bien recordar algunas consideraciones interesantes:

• Psicológicamente es importante tener emocionalmente claro que “mi fin” no es el «fin de todo», es decir que la finalización de mi existencia empírica no debería mermar mi interés por la vida que sigue y a la que yo he de contribuir con mi pequeña aportación. Este es un tema importante para fortalecer la responsabilidad colectiva en el futuro a medio plazo.

• El futuro es siempre poco previsible, porque incluye altas tasas de aleatoriedad para nuestro conocimiento. Conocemos poco sobre las innumerables variables implicadas en la marcha evolutiva. Las previsiones sobre los futuros inmediatos y a medio plazo son tan aleatorias que conviene ser prudente con las pretensiones de definición del futuro, aunque eso sí, tengamos que hacer un esfuerzo para participar responsablemente en el planteamiento de lo que pueda mejorar el futuro.

• El "fin del fin de todo” es un tema más filosófico-espiritual que científico. Cualquier propuesta científica deja abierto el gran tema del sentido. Así pues, las aportaciones de la ciencia con respecto a las previsiones de futuro son muy limitadas en lo que se refiere a las cuestiones de sentido. Para una respuesta satisfactoria (sic) a los enigmas de la vida, tiene poca importancia si el fin de todo se puede identificar con un tipo u otro de apocalipsis cósmico, aun siendo verdad, por ejemplo, que la cosmología moderna ha obligado a un replanteo brutal de todo el imaginario clásico de las formulaciones que planteaban los mitos antiguos. Algo similar puede decirse de los mitos modernos. El día que la anunciada teoría físico-matemática del todo, o bien las elucubraciones cosmológicas, den una respuesta satisfactoria a la explicación del origen o fin de los Universos, mis inquietudes o cuestiones sobre el significado último de mi vida quedarán igualmente vivas. Emocionalmente, más que una teoría del todo, necesitamos una gran confianza en el todo.

Los mitos sobre el fin de todo deben suscitar la confianza, y no cortocircuitarla a base de pretendidas seguridades

• Los mitos sobre el fin de todo deben suscitar la confianza, y no cortocircuitarla a base de pretendidas seguridades. La vida humana está marcada por una vertiginosa contingencia. Este vértigo contingente no se puede disimular bajo ninguna seguridad. Hay que asumir desde el coraje y la confianza básica. Esta confianza implica la convicción de que, sea cual sea la situación que la vida me plantee, puedo tener la esperanza de poder encarar de forma positiva y constructiva. No se puede pedir ahora a la ciencia las falsas seguridades que muchos pedían equivocadamente a las religiones, y menos aún, claro está, a las propuestas astrológicas, de adivinos de fortuna o de descubrimientos esotérico-arqueológicos.

• La responsabilidad humana puede tener un papel importante en la previsión de un futuro sostenible y justo para todos en este pequeño barrio del Universo que es el Planeta Tierra. Hablemos ahora no de un futuro último, sino del futuro a medio plazo: el de la civilización humana. Somos una especie llegada recientemente a la Tierra, pero de impacto impresionante y acelerado. Muchos creen razonablemente que el estilo y el ritmo de nuestros sistemas sociales tienen un futuro complicado, tanto en cuanto al número de humanos como por lo que representa su consumo de recursos no renovables, el impacto alterador del medio, etc. Este futuro sí está parcialmente en nuestras manos y una condición para solucionarlo responsablemente es la de ser conscientes de que tiene sentido preocuparse, aunque las consecuencias no tengan resultados inmediatos o no afecten directamente aquellos con los que tenemos relaciones de proximidad.


Entrevistas

Por Veronica Sartore, licenciada en Filosofía


 

Josep Antoni Álvarez, cristiano adventista:

"Regresaremos a una tierra completamente renovada, donde la felicidad será permanente"

Es miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Barcelona-Urgell y profesor de ciencias de Secundaria en la escuela adventista Col·legi Urgell. Ha reflexionado y ha escrito sobre bioética.


La iglesia adventista se distingue por su énfasis en la inminente segunda venida de Jesucristo. ¿Cuándo llegará ese momento, y cómo se producirá? Los adventistas creemos en la inminencia de este evento, pero no hay fecha ni momento preciso para que se produzca. Pensamos que será preanunciado por un momento de inestabilidad histórica. A lo largo de la historia siempre ha habido cristianos que pensaban que Jesús retornaría en su época, y que han interpretado, por lo tanto, acontecimientos históricos espectaculares como señales anticipatorios. En su discurso escatológico (Mateo 24), Jesús señala que vendrá como un ladrón de noche, que nadie sabe ni el día ni la hora, es decir, que el regreso se producirá de manera sorprendente.

¿Cuál es la esperanza del fiel con respecto a la segunda venida de Jesucristo? Según nuestra comprensión basada en la creación del hombre, no existe una inmortalidad del alma, ni una retribución inmediata después de la muerte. Cuando el hombre muere, la materia retorna a la tierra y el aliento o soplo de vida vuelve a Dios. En el momento de la resurrección, cuando Jesús retorne por segunda vez, el hombre volverá a la vida. En su carta a los tesalonicenses (1Tesalonicenses 4,13-5,11), Pablo afirma que la resurrección se produce de manera simultánea para todos, y que ascenderán a los cielos junto con los vivos para recibir a Jesús.

¿Cómo cambiar el mundo y la humanidad después del regreso de Jesús? Cuando Cristo retorne, quienes habrán muerto en Cristo resucitarán y subirán al cielo. Este evento será seguido del Milenio en el que estaremos en el cielo, después habrá un retorno a una tierra completamente renovada, donde no habrá más sufrimiento ni muerte, y la felicidad será permanente.

Yafar González, musulmán chií:

"Cuando la tierra esté llena de corrupción y de opresión, Dios enviará un salvador"

Es licenciado en Estudios Islámicos por la Universidad Internacional Al Mustafa de Qom, Irán. Investigador, escritor y traductor de textos islámicos.


El Corán habla de Yawm al - Qiyāmah, día del juicio y de la resurrección: ¿cuándo llegará ese día, y como se manifestará, según las escrituras? Lo que el Corán llama la Hora es el momento en el que Dios hará morir, después de un toque de trompeta, a todos los que queden vivos en la Tierra y, después de un segundo toque, levantará a todos los muertos de sus tumbas. Es el día del Juicio Final. Se debe distinguir entre el momento de la muerte y el momento del Juicio Final. Entre que el ser humano muere y la llegada del Día del Juicio Final hay un tiempo que desconocemos.

La figura mesiánica del Mahdi, imán oculto que ha de venir a restaurar la paz sobre la tierra, es muy importante en el chiismo. ¿Qué papel tiene este imán en el Día del Juicio? Todos los musulmanes, sunitas y chiitas, creen que, cuando la Tierra esté llena de corrupción y de opresión, Dios enviará un salvador de la familia de Muhammad, que restablecerá el orden e instaurará un período de Justicia y libertad universal. Entre los dos grupos existe, claro, una diferente comprensión del hecho religioso en su totalidad y en sus detalles, pero lo que es determinante en cuanto al comportamiento personal es la coherencia individual y la inteligencia del individuo.

Ante el juicio final, la fe garantiza la salvación: ¿cómo influye esta conciencia en la vida cotidiana del musulmán? La fe es condición necesaria, pero no suficiente, para salvarse en el Día del Juicio Final. Por tanto, también hay que obrar rectamente en este mundo para salvarse el Día después del cual no vendrá ningún otro. Esta condición determina plenamente la conducta del creyente a lo largo de su vida en este mundo, ya que, el Día del Levantamiento, será juzgado por lo que hizo en este mundo y recompensado en consecuencia.

Mario Saban, judío:

"El fin de los días no significa que el mundo se acabe. Es un cambio de paradigma, el fin del mundo conocido"

Es estudioso de la cábala y presidente de la red cultural judía de España Tarbut Sefarad.


Según la biblia hebrea (Tanaj), la llegada de la era mesiánica marcará el advenimiento del “fin de los días” (Ahar ha - Yamim). Según esto, ¿quién es el Mesías y cuándo llegará? Hay que precisar que hablar del “fin de los días” no quiere decir que el mundo se acabe. Se trata de un cambio de paradigma, del fin del mundo conocido. Algunos filósofos judíos sostuvieron que, para que llegara la era mesiánica, no es necesaria la intervención de un Mesías físico, sino que se preanunciará como un cambio de la sociedad. Hace muchos siglos que se debate sobre cómo llegará esta época, algunos piensan que irá precedida por una Apocalipsis, otros piensan que entrará a través de un cambio gradual. Lo que está claro es que la era mesiánica es inminente, porque nos acercamos al año 6000 desde la creación, y ahora estaremos viendo lentamente el cambio.

¿Cómo se prepara el fiel para la llegada de la era mesiánica? El fiel debe prepararse interiormente, haciendo acciones positivas, y a través del concepto de Teshub, que quiere decir retorno a la propia esencia, o retorno a la propia ética. Otro concepto fundamental es el de la redención o reparación del mundo, Tikun olam. ¿Cómo se repara el mundo? Preparándonos primero nosotros mismos. El fiel debe prepararse tratando de corregir la propia vida personal y de mejorar continuamente. No puede llegar al Tikun olam sin pasar a través de Teshub, sin un cambio interior.

¿Qué representa la era mesiánica para el pueblo judío? Representa el fin de la pobreza, el fin de todas las injusticias, la derrota del mal y de la muerte, como dice el texto del profeta Isaías 25,8. Será una época donde no habrá necesidad de guerras ni de ejércitos, donde todos los pueblos se unirán para progresar sin celos ni envidias. Llegaremos a tener un grado de conciencia más elevado del que hoy tenemos. La era mesiánica, en el judaísmo, evolucionó desde la restauración nacional hasta la idea de una redención universal.

Miguel Rivera Dorado:

"El significado de cada fin del mundo es el progreso hacia una condición humana más espiritual"

Arqueólogo y escritor, fundador de la Sociedad Española de Estudios Mayas.


Se habló mucho de la supuesta profecía de los mayas sobre el fin del mundo, que debía llegar el 21 de diciembredel 2012… Los mayas no profetizaron ningún fin del mundo, ni el 2012 ni ningún otro año, pero sí tenían unas tradiciones mitológicas, recogidas en el llamado Popol Vuh, que contemplaban la reiterada creación y destrucción de los mundos, entendida principalmente como las humanidades creadas. Esta era una creencia común en la mayor parte de los pueblos de la Mesoamérica prehispánica. Ahora bien, ¿cuándo pensaban los mayas antiguos que se acabaría el mundo en que vivían, ya que ineludiblemente se acabaría un momento u otro? Cuando terminara un ciclo cronológico de 13 baktunes, que parece ser que era el ciclo más grande en su sistema de cómputo del tiempo. Y parece ser que esto ocurrirá el 21 de diciembre del año cristiano de 2012. Lo que pasa es que no existen referencias epigráficas a un evento de tanta trascendencia, salvo la mínima alusión del monumento de la ciudad de Tortuguero. Así que el campo sigue abierto para cualquier especulación. Pero, por favor, que no se hable más de la “profecía maya” o de las “profecías mayas” con respecto a esta cuestión, porque, sencillamente, no existen.

¿Cuál es el significado espiritual y religioso del fin del mundo para los mayas? El fin del mundo está narrado por los mayas en el libro llamado Popol Vuh. Ha habido varios mundos antes del actual. El significado de cada fin del mundo es el progreso hacia una condición más espiritual de la humanidad.

¿Cómo se producirá este evento? Un fin del mundo fue mediante un diluvio. En otras ocasiones los dioses rebajan la condición de los humanos o simplemente los aniquilan.

Publicado en Dialogal número 43 (otoño 2012).