A fondo: Nº 5, mayo 2015


por Xavier Torrens

Profesor de Ciencia política en la Universidad de Barcelona. Director científico del “Seminario internacional sobre antisemitismo”, celebrado anualmente en Barcelona.

holocausto

¿Por qué los cristianos pueden recordar durante 2.000 años el asesinato de un único judío, Jesús, y a los judíos a menudo se les reprocha el recuerdo durante 70 años del exterminio de seis millones de judíos? Después del Holocausto o Shoah ('catástrofe', en hebreo), éste es un interrogante clave para la reflexión de quien quiera el diálogo interreligioso con el judaísmo. Hay que entender que el pueblo judío tiene derecho a recordar y enseñar para siempre la Shoah: "Contad a vuestros hijos; que ellos lo cuenten también los suyos y éstos, a los que vendrán "(Joel 1,3). Porque, en el marco del diálogo interreligioso, subestimar la memoria de la Shoah es inmoral para las religiones. La ignorancia, la indiferencia, la apatía, la minimización o el blanqueo de la enseñanza del Holocausto son actitudes incompatibles con las tradiciones religiosas que buscan el diálogo.

Ciertamente, en círculos cristianos se ha planteado cómo pensar en Dios después del Holocausto. En cambio, en el judaísmo la pregunta no se centra tanto en dónde estaba Dios durante el Holocausto, sino más bien en dónde estaban los gentiles (los no judíos, casi toda la humanidad) mientras sucedía la Shoah. En consonancia con esta última preocupación, si se quiere suscitar un diálogo equitativo con el judaísmo, mediante un enfoque dialógico al estilo de Martin Buber, es preferible abordar la Shoah en términos de acción humana para el presente. Hay que averiguar por qué ocurrió la Shoah para discernir qué relación hay que tener con los 13 millones de judíos de hoy en día. ¿Cómo deben encarar las religiones su relación con el pueblo de Israel a raíz del Holocausto?

Crucifixión de los judíos

Una pregunta clarividente: ¿cuál habría sido el destino de Jesús si le hubiera tocado sufrir el Holocausto europeo? Es evidente que a Jesús, por ser judío, el destino le hubiera deparado una cámara de gas y un horno crematorio: la crucifixión de los judíos de la época contemporánea, tal como los pogromos, fueron la crucifixión de los judíos de las épocas medieval y moderna. Esta consideración rara vez es motivo de reflexión entre la mayoría de cristianos. Pocos se dan cuenta de que los cristianos están obligados moralmente a conocer profusamente el Holocausto. Ningún cristiano que quiera dialogar con un judío puede pretender hacer tabula rasa y partir de cero, obviando o minimizando las repercusiones de la Shoah.

Hay que recalcar que, sin la historia bimilenaria de la judeofobia cristiana, el pueblo judío no habría sido elegido como la víctima primordial del Holocausto. Claro, el nazismo fue una ideología moderna secular. Aun así, fue un paganismo de índole religiosa. De hecho, el antisemitismo racial de los nazis era la modernización subsiguiente del antisemitismo religioso de los cristianos. Asimismo, podemos plantear otra pregunta fundamental: ¿qué religión tenía los miles de perpetradores y los millones de cómplices del Holocausto? Salta a la vista: la abrumadora mayoría eran de tradición cristiana. Por todo ello, los cristianos del presente y del futuro son moralmente responsables de enseñar el Holocausto. Porque existe una continuidad entre la judeofobia cristiana y la Shoah.

Los expertos destacan hechos como la hostilidad de la revista Civiltà Cattolica cuando reseñaba su "lucha contra el peligro judío", el rol cómplice del Papa Pío XII y la nula referencia explícita a los judíos en la solicitud de ayuda para las víctimas de los nazis, la firma del Concordato entre el Vaticano y el Tercer Reich, el paraguas eclesiástico que obtuvieron los fugitivos nazis o el hecho de que Hitler, Himmler y Goebbels eran católicos y nunca fueron excomulgados. La sede del Führer estaba en Baviera, donde predominaba el catolicismo. El primer país colaboracionista del nazismo fue un país católico, Austria. El país donde fueron exterminados la mayoría de los judíos fue un país católico, Polonia. Dos de los regímenes nazis más afines a Hitler fueron católicos: Croacia y Eslovaquia, éste último presidido por un obispo católico.

No fue casual que los nazis eligieran los judíos. Existió una causalidad. La causa la encontramos en el antijudaísmo de las iglesias cristianas. Ésta fue la condición necesaria, aunque no una condición suficiente, para generar el Holocausto. Desgraciadamente, el cristianismo es el responsable último de la existencia perdurable del antisemitismo en Europa.

Tres ejemplos nos son útiles para ejemplificar como la judeofobia contemporánea tiene su origen en el cristianismo. Primero, hoy se dice que Israel o los judíos conspiran y controlan el gobierno de los Estados Unidos para dominar el mundo, al igual que en el pasado desde la religión cristiana se aseveraba que los judíos conspiraron y controlaron al gobernador Pilato para matar a Jesús. Segundo, hoy se dice que los judíos son ricos y usureros, al igual que en el pasado desde la tradición cristiana se acusó a los judíos de ser como Judas, que traicionó a Jesús por una bolsa de treinta monedas de plata. Tercero, hoy se percibe a Israel o a los judíos como colonialistas y racistas, como en el pasado desde las confesiones cristianas se enseñó que los judíos eran arrogantes e hipócritas.

Los cristianos, de acuerdo con su propia perspectiva teológica, pueden buscar el perdón. Con todo, en el diálogo interreligioso cabe preguntarse qué busca el otro, el judaísmo. El pueblo judío busca acciones humanas que reparen ahora y aquí el antisemitismo actual. Para un judío de hoy poca repercusión puede comportar el que haya cristianos sensibles al Holocausto, si estos mismos cristianos practican el viejo antisemitismo (el antijudaísmo) o el nuevo antisemitismo (el antisionismo). Por ello, hay que enseñar desde las iglesias a desenmascarar la judeofobia y sus estereotipos falsos. A título ilustrativo: es hora de que se deje de emplear la palabra fariseo en sentido peyorativo y se abandone el hábito de contraponer el Nuevo Testamento de amor y bondad al Dios supuestamente vengativo de la Biblia hebrea (Antiguo Testamento), como hacen intelectuales cristianos y laicos en los medios de comunicación. Porque estereotipos como éstos, aparentemente inocuos, son los que legitimaron la Shoah entre los europeos.

La Conferencia Católica de los Estados Unidos, en 2001, en ​​su documento Enseñanza católica sobre la Shoah, estableció: "El antijudaísmo cristiano realmente fundamentó las bases de un antisemitismo racial y genocida, al estigmatizar no sólo el judaísmo sino a los mismos judíos, haciéndolos objeto de oprobio y de menosprecio". Los obispos católicos de Holanda constataban que el antisemitismo "emerge reiteradamente en nuestra sociedad" y, en consecuencia, a la Iglesia católica "aún le queda mucho por hacer". ¿Cuándo aprenderá la Iglesia católica de sus hermanos y emprenderá las iniciativas adecuadas? ¿Cómo puede ser que todavía no se haya introducido la enseñanza de la Shoah en la catequesis de las parroquias y en la educación de las escuelas cristianas? Desgraciadamente, ni siquiera se siente la necesidad de este requerimiento.

Cabe destacar que hace apenas cuarenta años, en 1965, la Iglesia católica emprendió un camino diferente hacia el judaísmo, a fin de comenzar a sustraerse de su pasado antijudío. Posteriormente, el Papa Juan Pablo II afirmó que el pacto entre Dios y el pueblo judío "nunca ha sido revocado" y, en la sinagoga de Roma, calificóa los judíos como "nuestros hermanos mayores". Durante el pontificado de Juan Pablo II, el Vaticano reconoció oficialmente el Estado de Israel. En su visita a una sinagoga, el Papa Benedicto XVI denunció "nuevos signos de antisemitismo" y reconoció que el Holocausto es "el tiempo más oscuro de la historia alemana y europea". También subrayó que la Iglesia católica tiene la obligación de enseñar "el intento, planeado y realizado sistemáticamente por el régimen nazi, de exterminar el judaísmo europeo", con el propósito de "transmitir a los jóvenes la antorcha de la esperanza que ha sido dada por Dios tanto a los judíos como a los cristianos". El papa Benedicto XVI añadió que "es por eso que los quiero animar con fuerza a un diálogo sincero entre judíos y cristianos". Ahora bien, todos estos avances producidos en el seno de la Iglesia católica han arraigado con más profundidad en el catolicismo holandés, estadounidense y alemán y, en contraste, no tienen casi incidencia en el catolicismo español y latinoamericano.

Es sintomático el hecho de que muy pocos cristianosse interesen por la judeofobia. ¿Quién lee libros como Los papas contra los judíos (David E. Kertzer), La Iglesia católica y el Holocausto (Daniel Jonah Goldhagen) y La Iglesia católica ante el Holocausto (Graciela Ben-Dror)? Este desinterés lo ha denunciado el obispo católico Edward H. Flannery en su libro The Anguish of the Jews, donde afirma que "el antisemitismo es el odio más prolongado y profundo de la historia humana".

Tercer Reich sagrado

En el cristianismo protestante a menudo se es más sensible a la enseñanza de la Shoah. De hecho, bastantes iglesias protestantes han sido capaces de repudiar la judeofobia de su fundador, Martín Lutero, quien dictó invectivas contra los judíos. En sus textos se encuentran los antecedentes que permitieron sacralizar el Tercer Reich. El tratado de Lutero Sobre los judíos y sus mentiras fue perjudicial. Desde los púlpitos de iglesias protestantes se favoreció la extensión de la ideología nazi, se divulgó la representación de Jesús como un ario antisemita y se propagó la imagen del pueblo judío como el Anticristo. Después de la Shoah, la Iglesia luterana alemana conminó a los cristianos a denunciar el antisemitismo y declaró que "la promesa de Dios es válida para su pueblo elegido, incluso después de la crucifixión de Jesucristo". Pero después del Holocausto de poco sirve arrepentirse por los judíos muertos, si no se actúa frente a la nueva judeofobia que sufren los judíos vivos. 

La judeofobia no es una rémora del pasado. Lo detectó lúcidamente el pastor bautista Martin Luther King, quien en su Carta a un amigo antisionista escribió: "Cuando la gente criticaa los sionistas, critica a los judíos. Tú estás dando a entender antisemitismo". También lo ha visto con nitidez Edward Flannery, quien afirma que para afrontar la judeofobia es indispensable abordar la cuestión de la religión judía y del Estado de Israel: "Para el judío comprometido, un ataque contra el sionismo, sobre Israel, es un ataque contra su judeidad y su judaísmo". Por ello, después de la Shoah, es antitético pretender hacer un acercamiento respetuoso al judaísmo y al mismo tiempo evitar sentir empatía hacia el Estado de Israel. Éste es uno de los puntos que más cuestan entender a muchos de los cristianos.

Ibrahim versus Abraham

Después del Holocausto, el diálogo interreligioso entre el islam y el judaísmo no puede seguir igual. Obliga a ser conscientes de la peligrosidad de determinadas interpretaciones del islam, que en las últimas décadas están generando un proceso similar al que en su día practicó el cristianismo hacia el judaísmo: la apropiación de personajes judíos y de textos sagrados del judaísmo, extrayendo el talante hebreo y, posteriormente, instrumentalizando estos personajes y textos para practicar la judeofobia. Por ejemplo, en el Corán, en la sura 3:67, se señala que Ibrahim (nombre arabizado del originario hebreo Abraham) "no era judío" sino que "él era ya buen musulmán". Hoy sabemos todo lo que ha provocado el hecho de ocultar que Jesús era judío y el haberlo presentado como si ya fuera un buen cristiano. De la misma manera dañina se puede interpretar el fragmento del Corán donde, refiriéndose a "los judíos que han sido impíos, malos" (sura 4: 160), en la sura 4: 161 se dice que "ellos han ganado dineros ilícitos, prestando a usura, cuando esto estaba prohibido. Ellos se han comido dinero de los demás, sus posesiones, con falsedades, con engaños". Encontramos aquí otro paralelismo con la interpretación antijudía que a menudo se ha hecho de la cita del Evangelio según Mateo 27,25: "Que su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos". Recordémoslo: pensamientos de este tipo condujeron hacia la Shoah.

Emplear los textos islámicos para generar judeofobia es imperdonable después de la Shoah. Esto ya sucedió en 1948, apenas tres años después del Holocausto, cuando cinco países árabe-musulmanes declararon la guerra al Estado de Israel. Su eslogan fue "Lanzara los judíos al mar", interpretando así la sura 28:40: "¡Los lanzaremos al mar! Mira muy bien como terminó el triste destino de los infieles, los injustos". Este intento de genocidio con voluntad de destruir Israel se expresa hoy con ímpetu en ciertos círculos musulmanes. En contraposición, los musulmanes partidarios del diálogo interreligioso denuncian la manipulación judeófoba del islam y subrayan textos como la sura 28:43, que hace un reconocimiento virtuoso de la Torá: "dimos a Musa [Moisés] la escritura, el libro santo, para que los hombres puedan mirar dónde se encuentra la buena guía y la bondad". Cabe resaltar las citas positivas, como la sura 02:47, donde refiriéndose al pueblo de Israel se afirma: "Os hice nobles, os escogí, os elevé a todos vosotros por encima de los pueblos del universo". La revalorización positiva del pueblo judío por parte de la tradición islámica debe ir acompañada de la denuncia de la judeofobia en el ámbito político-religioso. Después del Holocausto, la comunidad musulmana tiene la obligación moral de criticar casos como el de la política nuclear de Irán, país que en nombre de los preceptos islámicos pide la destrucción de Israel, o denunciar sin vacilaciones declaraciones como las de un líder palestino de Hamás que en 2005 afirmaba: "No reconoceremos nunca un Estado llamado Israel. Es una tierra santa que pertenece a todos los musulmanes del mundo entero". En pro del diálogo interreligioso con el judaísmo desde el islam, es inexcusable implementar la enseñanza de la Shoah, sobre todo ahora que en determinados oratorios musulmanes y ciertas mezquitas están creciendo el negacionismo y la banalización del Holocausto.

Catástrofe universal

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El holocausto es un hecho universal y afecta a la religiosidad y la ética de todos

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La enseñanza del Holocausto no es una tarea exclusiva del cristianismo y del islam, porque el Holocausto es un hecho universal y afecta a la religiosidad y la ética de todos. La singularidad del Holocausto es, de hecho, lo que le confiere su universalidad. La Shoah es el único genocidio a lo largo de la historia de la humanidad en el que se ha querido exterminar todo un pueblo de todo el planeta. Las otras religiones, como el budismo y el hinduismo, también es necesario que hagan pedagogía del Holocausto. Podrían caer en la indiferencia arguyendo que el genocidio sucedió en Europa. Ahora bien, si desean el diálogo interreligioso con el judaísmo, les falta la comprensión de la universalidad del Holocausto y adquirir sensibilidad por su singularidad. Como la que muestra la religión bahá'í, que tiene en Haifa (Israel) su centro espiritual. O bien los mormones, que disfrutan de una relación positiva con respecto a Israel.

Sin duda, las religiones después del Holocausto deben ser plenamente conscientes de la necesidad de la enseñanza de la Shoah. Las tradiciones religiosas no pueden desentenderse de hacer pedagogía del Holocausto. Hay que enseñar por qué en Europa se "decidió exterminar a todos los judíos" (Ester 3,6). Para abordar la judeofobia, puede ayudar meditar sobre los Salmos: "Los que me quieren daño sin motivo" (Salmo 35,19), "los que me odian porque sí" (Salmo 69,5) y "me hablan con engaño, me encierran con palabras de odio, me combaten sin motivo"(Salmo 109,2-3). Puede servir la pregunta con la que concluye su libro el obispo Edward Flannery: "¿Por qué el pueblo judío no encuentra en las iglesias cristianas un aliado y defensor, sino uno de sus detractores y opresores con mayor celo?".


Entrevistas

Por Alex Leff, periodista


 

Gerard Weider, judío religioso:

"El holocausto me enoja mucho con la humanidad, no con Dios"

Rabino principal de la comunidad Beth Elohim, la congregación judía reformada mayor de Brooklyn (Nueva York).


¿Cómo explicaría el hecho de que se produjera la Shoah según las enseñanzas religiosas del judaísmo? Desde el punto de vista del judaísmo ortodoxo, la Shoah se produjo porque los judíos no seguían las leyes y los mandamientos y fue el castigo por desobedecer Dios. Desde el punto de vista del judaísmo liberal, la Shoah es el resultado del libre albedrío que Dios dio a toda la humanidad en el momento de la creación. Con el libre albedrío, Dios dio a la humanidad el derecho a elegir entre el bien y el mal. La Shoah fue un caso en que la elección del mal se puso de manifiesto en el mundo y hubo una guerra porque el bien volviera a prevalecer.

¿Cómo puede ser que Dios permitiera que pasara aquello a los judíos y a miembros de otras comunidades? De nuevo, los judíos ortodoxos tradicionales creen que Dios permitió que el mal de los nazis triunfara como un castigo por no observar las leyes y como un aviso para las generaciones futuras de judíos, de cuál sería su destino si no seguían las leyes del judaísmo ortodoxo al pie de la letra. Desde el punto de vista liberal, Dios no permitió que pasara porque Dios dio a los seres humanos el libre albedrío y fueron ellos los que permitieron que aquello ocurriera.

¿La reflexión sobre las atrocidades nazis le hace creer con más fuerza en su religión, o perder la fe en Dios o la humanidad? Me enoja mucho con la humanidad, no con Dios. Las sociedades europeas han permitido que lo peor de la gente –el fanatismo, la intolerancia religiosa, el antisemitismo, etcétera– se convirtiera en la norma y no han hecho lo suficiente para erradicarlo, ni en el pasado, ni tampoco ahora. Esto resulta frustrante.

Espiritualmente, ¿qué aconsejaría a los supervivientes del Holocausto y sus familias para ayudarles a curar sus heridas? Vivid y cread un futuro, pero mientras hagáis eso, no olvidéis. De hecho, comprometeos a hacer todo lo que podáis para cambiar el mundo y mejorarlo, para que estos horrores nunca se vuelvan a producir.

¿Qué oración específica rezan para recordar el sufrimiento de los judíos en los campos de concentración? El Moley Rachamim. Se trata de una oración de recuerdo que afecta profundamente las emociones y que a menudo se recita en los funerales, las ceremonias conmemorativas y las visitas a los cementerios, además de las sinagogas.

¿Qué influencia ha tenido el Holocausto en el diálogo interreligioso? En los diálogos interreligiosos en los que he participado, cuando hablamos de comprender lo que preocupa a los judíos de hoy, siempre aparece el Holocausto, debido a la marca imborrable que ha dejado en los judíos de todo tipo. A menudo esto es difícil de entender para los cristianos.

¿Cómo se puede mejorar el diálogo en este campo? Las visitas a los monumentos conmemorativos del Holocausto siempre ayudan mucho, porque los participantes en estos diálogos vemos de qué estamos hablando. En cuanto a afrontar el antisemitismo, no creo que los otros grupos religiosos hayan hecho lo suficiente sobre el tema.

Jaime Vándor, judío secular:

"¿Cómo podría tanto sufrimiento no minar mi fe?"

Judío austrohúngaro, sobrevivió al Holocausto en Hungría, junto con su madre y su hermano mayor, gracias a la ayuda de la legación española en Budapest. Fue un experto en filología semítica y enseñó historia del judaísmo y literatura y lengua hebreas en la Universidad de Barcelona durante 45 años. Falleció en 2014.


Como sobreviviente de la persecución nazi en Hungría, ¿considera importante dar a conocer su experiencia? Yo doy constantemente conferencias sobre lo que viví durante mi infancia. Considero que los que hemos pasado por aquellas atrocidades tenemos la obligación de que se recuerde y se sepa. Es un deber histórico e ideológico.

 ¿Cómo evalúa la incidencia de estas experiencias horribles en la fe de las víctimas? Yo creo que, como siempre, sería arriesgado generalizar. Por supuesto hubo quienes dejaron de creer, pero también tenemos testimonios de personas que eran creyentes e incluso indiferentes en materia de religión, que se aferraban a la fe en los mismos campos de exterminio y muchos iban a la muerte rezando e invocando Dios.

A usted, actualmente como judío no creyente, ¿cómo le afectaron las vivencias de las persecuciones? La Shoah destruyó mi infancia, nos separó de mi padre durante siete años. Estuvimos cerrados, acosados ​​en circunstancias muy penosas y escapamos con vida casi por casualidad. Por otra parte, perdimos un centenar de familiares: tíos, primos, mi abuela misma... ¿Cómo podían tantas vejaciones y tanto sufrimiento no minar la fe de mi infancia? La meditación sobre el bien y el mal es una constante en mi vida hasta hoy. Son dudas que nunca he sabido resolver y que hicieron que dejara de creer en un Dios al que culpabilizaba incesantemente entre los 16 y los 17 años.

¿Cómo se define un "judío no creyente”? En la mayoría de religiones la fe es indispensable. En el judaísmo es diferente. Por un lado somos una religión y por otra un pueblo. Yo me considero judío en el sentido de una tradición histórica y familiar, de una ética que se remonta a hace cuatro milenios y esta identidad se ha fortalecido con el Holocausto. Pero en mi caso no tiene que ver con Dios, con premio y castigo, con la otra vida y todo eso.

La religión, sin embargo, influye en su literatura. El problema del bien y del mal siempre lleva a interrogarse sobre Dios. Esta dicotomía es el fondo de todo lo que escribo, ya sea ensayo, ya poesía. Es un problema que desde siempre es un incentivo para la creación. Por otra parte, esta preocupación moral es un terreno en el que las religiones y la irreligión pueden encontrarse e intentar apuntalar conjuntamente lo positivo que, sin embargo, tiene la humanidad.

¿Qué opina sobre las relaciones judeocristianas? El conocimiento mutuo lleva a la comprensión y al respeto, por tanto favorece las diversas religiones. Yo formo parte de la junta directiva de la “Entente judeocristiana de Cataluña”, una entidad que existe desde los años sesenta.

¿El tema del Holocausto sale en estos encuentros? Sí, tanto en los encuentros de la Entente como en las sinagogas de las dos comunidades judías que hay en Barcelona. Es un tema recurrente.

Karen Brady, cristiana:

"Hay que enseñar sobre el Holocausto y el papel de la Iglesia durante la guerra"

Profesora de religión en la St. Joseph Catholic School, de la parroquia de San José de Tucson (Arizona).


¿Cómo explicaría el hecho de que se produjera el Holocausto según las enseñanzas de su religión? La única manera que tengo de explicar el Holocausto mediante mi religión es centrándome en el mal del mundo y en lo que ocurre cuando el hombre decide seguir el camino del mal.

¿Cómo puede ser que Dios permitiera que pasara esto a los judíos y a miembros de otras fes y comunidades? Creo que Dios nos creó con algo llamado libre albedrío, que nos permite elegir entre seguir el camino de la virtud o el camino del mal. Esta elección no siempre es clara para nosotros. Dios no creó el Holocausto. El Holocausto se produjo porque unos seres humanos eligieron seguir el camino del mal. Fue posible que se produjera el Holocausto porque otras personas se quedaron sin hacer nada, por miedo o por desesperación.

¿Cómo explican los horrores del Holocausto a los niños de su comunidad? Desde la fe católica, enseñamos en las escuelas que el Holocausto fue un acontecimiento terrible que se dirigió principalmente contra un determinado grupo de personas, por ningún motivo aparente excepto el odio hacia aquel grupo. En mi casa hablamos de este tema relacionándolo con nuestra responsabilidad personal como cristianos de amarnos unos a otros. Si seguimos este mandato de Jesús, sólo podemos elegir ayudar a los necesitados, ayudar a los que sufren persecuciones y hacer lo que podamos para crear un mundo justo y en paz.

¿La reflexión sobre un acontecimiento tan terrible como el Holocausto le hace creer con más fuerza en su religión o perder la fe? Mis creencias religiosas se han hecho más fuertes cuanto más he aprendido sobre el mal del mundo. En medio del dolor, los que son buenos y virtuosos destacan por encima de los demás. También creo en la esperanza: en la esperanza de que el bien triunfará.

¿Qué aconsejaría a los supervivientes del Holocausto y sus familias para ayudarles a curar sus heridas? Los ofrecería la esperanza que proviene de enseñar a los jóvenes sobre el Holocausto y sobre su responsabilidad de alzar la voz, de no quedarse al margen para cambiar las cosas en el mundo de hoy. Puedo compartir con los supervivientes la esperanza para el mundo, resultado de enseñar a nuestros jóvenes a pensar por sí solos, de no dejarse guiar ciegamente por quienes ostentan el poder.

¿Qué influencia ha tenido el Holocausto en el diálogo entre su comunidad religiosa y las otras, especialmente la judía? Nuestra comunidad católica local ha establecido un muy buen diálogo con la comunidad judía local. Nuestra diócesis ve una auténtica necesidad de dialogar con la comunidad judía. Cuanto más aprendemos de nuestros hermanos judíos, más aprendemos sobre nuestra propia fe. En nuestra comunidad hay supervivientes del Holocausto que comparten con mucho gusto su historia con los estudiantes de las escuelas católicas.

¿Cómo se puede mejorar el diálogo en este campo? Hace falta que más escuelas y maestros inviten a los supervivientes a compartir sus historias con los estudiantes. Gracias a programas como Bearing Witness (Testimonio), un programa de formación de profesorado creado por la “Liga antidifamación” y la “Conferencia episcopal católica” de los Estados Unidos, cada vez hay más maestros católicos conscientes de la necesidad de enseñar a sus alumnos sobre el Holocausto y el papel de la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial.

Mohamed Mosaad, musulmán:

"Fue la racionalización la que condujo a esta catástrofe"

Musulmán egipcio. Psiquiatra, antropólogo y escritor. Coordinador para Oriente Medio y el Norte de África de la “Iniciativa de las Religiones Unidas” (URI), una red interreligiosa de alcance mundial.


¿Cómo explicaría el hecho de que se produjera el Holocausto según las enseñanzas de su religión? Se trata de una pregunta interesante, porque quiere racionalizar el Holocausto a través de la religión. Es especialmente interesante porque en la época del Holocausto triunfaba el discurso ilustrado, liberal, científico, moderno, que proclamaba día y noche la llegada histórica de la era de la racionalización. Lo seguro fascinaría al mundo y arrinconaría la religión, el pensamiento metafísico y todas las creencias ingenuas y primitivas. Pero después tuvimos que admitir la triste verdad de que el Holocausto no se produjo a pesar de esta era de la racionalización, sino a causa de ella.

¿Cómo es eso? Fue el pensamiento científico racional, frío y objetivo, no contaminado por ningún sentimiento humano, lo que condujo a esta catástrofe. Las ejecuciones de millones de personas se cometieron en cadenas de producción como las de una fábrica. Los soldados nazis actuaban de una forma meticulosamente organizada. A lo largo de toda la historia se han asesinado sin piedad masas de gente inocente, pero nunca de esta manera.

Los historiadores han debatido durante décadas sobre la motivación de los nazis. ¿Cuál cree usted que era? La base lógica del Holocausto, si se puede hablar de tal cosa, se encontraría en el darwinismo, el nacionalismo, el objetivismo y todas estas construcciones sociales, seguro que no en la religión. El mensaje que transmite el Holocausto es que el conocimiento empírico y lógico es la única vía de conocimiento de los seres humanos. Pero también podemos acceder al conocimiento a través de las espiritualidades y de hecho deberíamos hacerlo.

Desde el punto de vista espiritual, ¿cómo puede ser que Alá permitiera que pasara esto a los judíos y a miembros de otras comunidades? ¿Por qué no? ¿Fue Alá quien cometió este crimen tan terrible o fue el hombre? Fue el ser humano, una criatura libre y plenamente responsable, que deberá rendir cuentas ante Dios el Día del Juicio. Si Dios interviniera para detener nuestras acciones equivocadas, ¿cómo podríamos ser responsables de nuestros actos? ¿Y quiere decir esto que Dios es completamente ajeno a la historia, que nunca interviene en los acontecimientos? Yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos respuestas posibles. Desde mi punto de vista, afirmar que Dios manipula absolutamente la historia es tan erróneo como pensar que Dios sólo nos mira de vez en cuando para saber qué haremos.

Entonces, ¿dónde está el punto medio ideal? Deberíamos actuar como si estuviéramos solos en este mundo, absolutamente libres en cuanto a nuestras decisiones y acciones y asumir nuestra posición plenamente responsable de esta historia. Esta posición nos hará quitar importancia a las preguntas sobre la responsabilidad de Dios y plantear otras. Por ejemplo: ¿cómo fuimos capaces los humanos de permitir que pasara algo así? ¿Cómo puede ser el ser humano tan cruel para cometer estos crímenes? El Holocausto reveló un hecho espantoso: el punto hasta el cual puede llegar la crueldad de nuestra especie. Un versículo que se encuentra tanto en la Biblia como el Corán, que nos dice que matar a una persona es como matar a toda la humanidad, resuena ahora con fuerza. Si matas a una persona significa que tienes el potencial de matar a todas las demás. Matar a una persona es un crimen contra la humanidad.

Aníbal Iván Matos, testigo de Jehová:

"Ayudó enormemente no caer en la auto-conmiseración"

Director apoderado del “Círculo Europeo de antiguos deportados e internados Testigos de Jehová”.


¿Cuál fue el motivo de la persecución nazi de los testigos? Hubo varios. La negativa a cumplir el servicio militar y a pronunciar el saludo "Heil Hitler", el hecho de denunciar un régimen y una ideología de terror, lo cual los llevó a los campos de concentración.

¿Hay algún condicionante en su religión que les impidió hacer este gesto? Sí, aquello implicaba un reconocimiento de Hitler como el Salvador. Era una atribución que no se podía otorgar a un hombre como él.

Se ha criticado la comunidad de testigos alemanes por no ser suficientemente dura en su campaña contra Hitler. ¿Está de acuerdo con estas críticas? No, este punto de vista no corresponde a la verdad, porque algunos autores contemporáneos opinan que la "Declaración de los hechos" de 1933 en Berlín fue una refutación contra el régimen. De hecho, esa carta niega en todo momento cualquier tipo de colaboración con el régimen nazi.

Los historiadores también mencionan la forma excepcional como los testigos lograron sobrevivir a los campos. Sí. Cuando un testigo iba a un campo de concentración, inmediatamente le acogían sus correligionarios y se hacía una labor moral y espiritual. Por otra parte, algo que les ayudó enormemente fue el hecho de no caer en la autoconmiseración.

¿De qué manera llevaron a cabo la práctica de su religión en los campos? Se organizaron para introducir clandestinamente publicaciones. Consiguieron reproducir en miniatura un libro titulado Jehová y lo pusieron dentro de una caja de cerillas. Además pudieron reproducir una Biblia. Les dieron una hoja para firmar que los obligaba a renunciar a su fe. Si lo hacían quedarían libres y como condición debían denunciara otros testigos de Jehová. Ellos se negaron a firmar, lo que les supuso permanecer en los campos hasta el final. Esta determinación fue fundamental para poder hacer frente a un régimen diabólico como aquél.

¿Cree que había una fuerte presencia del mal en la Europa de aquella época? Sí, por supuesto creemos en la presencia del maligno. Es evidente que fue un régimen inexplicablemente brutal, con una fuerza desconocida hasta entonces que hizo que la gente aparentemente normal hiciera cosas de una naturaleza inhumana.

¿Cómo pudo permitir Dios unos hechos tan espantosos? No culpamos a Dios de las actuaciones del ser humano. No tenemos un punto de vista providencialista respecto a Dios. El comportamiento humano que ha sido atroz en el pasado, sólo es imputable al ser humano y a la influencia del maligno en él. La Biblia muestra que Dios actuará en el tiempo correspondiente.

¿No diría que el Holocausto fue un momento idóneo para que interviniera Dios? Sí, ¿pero cómo es que en África se producen cientos de muertes anónimas por culpa de enfermedades, del hambre o de enfrentamientos étnicos brutales? El hombre debería saber la magnitud de las consecuencias de su mal gobierno.

Y en cuanto al diálogo interreligioso, ¿qué efecto ha tenido el Holocausto? Ha acercado mucho más a diferentes grupos. Se han organizado actos con la presencia de diferentes representantes de grupos que estuvieron bajo esta presión tan dura. Nos ha hecho solidarios ante una experiencia brutal que no se debe repetir y eso nos enriquece.

Publicado en Dialogal número 15 (otoño 2005).