Reflexión: Nº 3, julio 2014


Abdelmumin Ayapor Abdelmumin Aya

Me han pedido unas palabras desde el Islam para contribuir a la concordia de las religiones. No quiero decir ninguna palabra; quiero rezar. En el mundo hay demasiadas palabras y demasiado pocas oraciones. Y quiero rezar el Padrenuestro. Pero me van a permitir hacerlo en arameo.

El Padrenuestro en arameo es una de las pocas oraciones que existen, tal vez la única, que pueden rezar juntos un judío, un cristiano y un musulmán. Un judío puede rezar el Padrenuestro en arameo porque Jesús era un buen judío, y porque los judíos han hablado arameo durante siglos. Un musulmán puede rezar el Padrenuestro en arameo porque los musulmanes defendemos que Jesús es musulmán, que predicó el Islam y que en el Evangelio hay guía y luz para los que lo siguen. Y, por razones obvias, un cristiano puede rezar el Padrenuestro, más aún si se le pide que lo haga en el idioma de Jesús.
Así pues, recemos:
ᵓAḇūn dəḇashmayyā
neṯqaddash shəmāḵ
ti(ᵓ)ṯē malkūṯāḵ
nehwē ṣeḇyānāḵ
ᵓaykannā dəḇashmayyā ᵓāp ba(ᵓ)rᶜā
haḇ lan laḥmā dəsūnqānan yawmānā
washḇūq lan ḥawbayn
ᵓaykannā dā(ᵓ)pḥənan shəḇaqn ləḥayyāḇayn
wəlā taᶜlan lənesyūnā
ᵓellā paṣṣān men bīshā
meṭṭul dəḏīlāḵ (hy) malkūṯā
wəḥaylā wəṯeshbūḥtā
ləᶜālam ᶜālmīn

El problema está en saber qué hemos dicho. Porque el Padrenuestro, la oración que los cristianos se enorgullecen de haber aprendido de labios de Jesús, no dice lo mismo si se traduce del latín, del griego o del arameo. Dependiendo del idioma en que lo transmitamos se piden unas cosas a Dios, o se piden otras; dependiendo del idioma, es una oración creada para gentes muy sencillas (pescadores, campesinos, mercaderes...) de la Galilea del siglo I, o para una clase media burguesa más o menos formada religiosamente a partir de categorías abstractas grecolatinas.

Una traducción literal de lo que hemos dicho en arameo sería:

Padre nuestro de los cielos,
sea consagrado tu Nombre.
Viene tu Reino:
se cumple tu deseo,
tanto en los cielos como en la tierra.
Danos diariamente el pan de nuestra necesidad,
y líbranos de nuestras deudas,
así como también nosotros liberamos a nuestros deudores.
Y no nos traigas enfermedad,
sino ponnos a salvo de lo dañino.
Porque tuyo es el Reino,
y la Fuerza y la Gloria,
por los siglos de los siglos.

En el Padrenuestro en su versión oficial pedimos a Dios que nos perdone nuestros pecados u ofensas, así como nosotros se las perdonamos a otros, pero en arameo lo que se pide a Dios es que nos libre de las deudas, de las hipotecas, así como nosotros liberamos de sus compromisos a los que nos deben dinero, literalmente, a los que están a merced nuestra. [ḥawbā: deuda económica]. En el Padrenuestro en su versión oficial pedimos a Dios que no nos deje caer en tentación, pero en arameo lo que se pide a Dios es que no nos ponga a prueba, que no nos traiga enfermedades. [nesyūnā: enfermedad, prueba, dificultad]. En el Padrenuestro en su versión oficial pedimos a Dios que nos libre del Mal (en algunas versiones, incluso, del Maligno), pero en arameo lo que se pide a Dios es que nos evite daños y sufrimientos [bīshā: lo dañino, lo triste, lo que nos debilita].

Es evidente que en su versión aramea el Padrenuestro está más cerca de la vida (nos habla del pan, de la necesidad, de la enfermedad, de la tristeza, de las trampas económicas, de lo dañino...) y más lejos de los conceptos religiosos (pecado, tentación, Mal...). Pero la mayoría de los cristianos siguen reacios a oír a Jesús hablando en arameo, por miedo de adónde pueda conducirles su palabra. Ojalá toda esta situación cambie en los próximos años; ojalá permitamos a Jesús volver a hablar en su lengua. Ojalá que Jesús no tenga que decirnos nunca: «Antes de que cante el gallo dos veces, habrás negado tres, que yo hablaba arameo».