Reflexión: Nº 6, enero 2016


Agustín Pánikerpor Agustín Pániker

Pocos términos encapsulan mejor la riqueza de la espiritualidad índica que la voz sánscrita mantra; otro de esos vocablos que ha traspasado las fronteras del Sur de Asia e inunda nuestras conversaciones del Extremo Occidente, aunque no siempre haya retenido la profundidad y la sustancia que posee en la idiosincrasia de la India. Una de sus etimologías lo dice casi todo: liberación (tra) de la mente (manas).

Hace más de 3.000 años los antiguos indios llamaron mantrasa los himnos litúrgicos que fueron transmitiendo en su corpus sagrado: el Veda. Dice una interpretación clásica del Vedaque, en verdad, los antiguos poetas y “videntes” (rishis) “escucharon” el Veda. Los mantrasque compusieron serían como el “eco” del universo; un sonido divino que ellos, gracias a la meditación, la ascesis y la sensibilidad poética, fueron capaces de transcribir en forma de versos sagrados.

Por ende, para la antigua India, todo sonido con capacidad de liberarnos de las ataduras, el egocentrismo o la ignorancia posee la calidad de un mantra. Se ha dicho, con tino, que el hinduismo es en esencia una “teología sónica”. No es tanto la visión de lo divino, por importante que ésta pueda ser hoy en el culto, sino la audición y entonación de lo sagrado lo que puede portarnos a lo incondicionado. De ahí la importancia de la lengua sagrada (el sánscrito) o de las artes y ciencias relacionadas (etimología, fonética, métrica, etcétera). ¡Sólo en la India ha sido considerada la gramática un camino espiritual o yogacapaz de conducirnos a la liberación!

Por supuesto, las demás tradiciones índicas (budismo, jainismo y sikhismo) han hecho también del mantrauna de sus herramientas y pilares fundamentales. Conocidos son los mantrasdel budismo tibetano (como el Om mani padme hum). Y hasta el libro sagrado de los sikhs, el Guru Granth Sahib, está diseñado para ser cantado (y musicado) como un mantramás que para ser leído.

El tantrismo, que es una forma de espiritualidad índica que atraviesa barreras religiosas (y atañe tanto al hinduismo como al budismo), es un “conocimiento de los mantras.Retomando la vieja sensibilidad védica, los maestros tántricos (muy activos entre los siglos viy xiii) desarrollaron una sofisticada ciencia de las sílabas sagradas y de fórmulas mágicas condensadas. La entonación de esas sílabas, palabras o frases de poder posee un alcance yóguico y simbólico riquísimos. Los mantrasse asocian a las divinidades, a los estados de consciencia, a los rituales, etcétera. Culminan –como el améncristiano– las plegarias, las meditaciones, los sacramentos, los mandalas… porque se ecualizan con la mismísima vibración del cosmos, de lo Real.

Dice una vieja upanishadque existen dos formas de lo Absoluto (brahman): el Absoluto-que-es-sonido y el Absoluto-que-es-silencio. Son las dos caras de una misma moneda. Una pena que este riquísimo universo espiritual que incorpora la palabra “mantra” haya perdido en nuestras latitudes esa capacidad de transportarnos más allá de la mente y remita, tristemente, al sentido de “adagio repetitivo”.