Reflexión: Nº 5, mayo 2015


fonspor Clara Fons y Duocastella, socióloga de la religión

Son cada vez menos y de mayor edad. Trabajan con una intensidad y una implicación sorprendentes. A menudo siguen haciendo el mismo trabajo de hace años, pero con frecuencia atienden a más personas y más diversas. Desde la discreción, no hacen caso a la hostilidad y la indiferencia de muchos. Encaran la complejidad del mundo de hoy aferrándose a los fundamentos originarios del cristianismo: el amor y el servicio.

Manuel ya ha terminado de comer la manzana de media mañana y el hermano Antonio ha sacado el as. Hoy juegan a la brisca ellos dos, solos. Martínez no ha venido. Pasan juntos las mañanas desde hace años en la sala del Centro. El hermano Antonio es joven; joven respecto a la edad de la mayoría de personas que forman las congregaciones católicas de Cataluña. Alrededor del 80% de religiosos y religiosas pasan de los 60 años.

Como si fuera una madre, la hermana Carmen abraza a Merche en la calle Mayor de un pueblo del Penedés. No se llama Merche. Es el nombre con el que quería que la llamaran las compañeras de la prisión de Wad-Ras. La hermana Carmen y tres monjas más comparten una casita de las afueras con madres y bebés que han pasado por trances difíciles de digerir: malos tratos, adicciones y marginación. Del total de personas religiosas residentes en Cataluña, casi el 80% son mujeres.

En la cocina de Valeria y Alfredo las judías secas hierven en una olla de la que alguien se deshizo. Mientras coman, ellos y sus hijos agradecerán haber conocido el padre José. Vino de América Latina, como ellos. El padre no sólo les ha proporcionado la olla, sino que cada 15 días, en la parroquia, prepara una bolsa de comida para ellos. Entre los miembros de las congregaciones que tienen menos de 50 años de media, el 40% son extranjeros (sobre el total, la inmigración sólo representa aproximadamente el 5%).

Anochece. La hermana Pilar se pelea con el callo de un pie que se ha hecho viejo. Hace 28 años que arregla los pies de aquellos que hace mucho que no han entrado en una zapatería para comprarse calzado nuevo. Ahora trabaja sola, pero tiene más de cien hermanas que la apoyan. Es una excepción: casi cuatro de cada diez institutos de vida religiosa en Cataluña están formados por 10 personas o menos.

En la otra punta de la ciudad, en una esquina que le hace de abrigo, la hermana Teresa dormirá entre cartones. Antes de dormirse, intercambiará unas palabras amables con el sin techo con el que compartirá el exceso de humedad de estos días. Tres de cada cuatro congregaciones católicas en Cataluña se dedican totalmente, o en parte, al trabajo social voluntario. Un trabajo que en la mayoría de los casos no implica ninguna aportación económica por parte de los beneficiarios.

Son sólo cinco ejemplos de una notable buena voluntad y mucho trabajo discreto. Día tras día, cientos de religiosos y religiosas católicos trabajan desinteresadamente para mejorar la vida cotidiana del prójimo. Son hombres y mujeres que nunca han visto su actividad como su futuro, sino como el futuro de los demás.

Nota: Los hechos descritos en el artículo se basan en situaciones reales, pero los nombres no corresponden a los protagonistas. Toda la información utilizada es fruto de un estudio que estaba elaborando el centro de investigación ISOR por encargo de la Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña y que acabó publicándose en forma de libro.


Publicado en Dialogal número 28 (invierno de 2008).