Reflexión: Nº 5, mayo 2015


ayapor Abdelmumin Aya, doctor en Filosofía

¿Hasta cuándo se permitirá que en este país se publiquen traducciones del Corán que predican la superioridad del hombre sobre la mujer? ¿Hasta cuándo los musulmanes de bien toleraremos versiones inaceptables del versículo Ar-riÿâlu qawwâmûna ala Annisa '(04:34)? Traducciones que dicen textualmente: "Los hombres son superiores a las mujeres" (Bergua), "Los hombres están por encima de las mujeres" (Vernet), "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres" (Cortés, Muhammad Asad), "Los hombres [son] preeminentes sobre las mujeres "(Cansinos-Assens), "Los hombres son doctrinadores sobre las mujeres" (an nim del 1606), "Los hombres son más competentes para la gerencia [de la casa] que las mujeres" (Bahiya M. Huis) y, ya totalmente fuera de medida, "Los hombres son los pastores de las mujeres" (Abderrahman Abad). Algunos incluso añaden comentarios explicativos a pie de página: "El versículo presenta dos razones por las que el hombre ha sido erigido como cabeza de familia: a) sus facultadas físicas y mentales superiores [...]" (Abderrahman Abad).

Eso ocurre, a pesar de saber que si, en árabe, se hubiera querido dejar constancia de una superioridad natural o una preeminencia constitutiva de uno de los géneros sobre el otro, no se habría utilizado la palabra qawwâma. Se habría dicho, por ejemplo, arriÿâlu ahsan min an-nisa ' ('los hombres son más excelentes que las mujeres') o ar-riÿâlu Afdal min an-nisâ’('los hombres tienen preeminencia sobre las mujeres').

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Árabe de El Cairo, la voz qawwâm sólo tiene un significado que sería: "el que cumple bellamente una tarea". Según la definición que da este diccionario, el verso en cuestión debería traducirse de la siguiente manera: "Los hombres tienen una tarea que deben cumplir bellamente hacia las mujeres". Si qawwâm es la intensiva de qâ’im, el verso podría tener el sentido de que el hombre debe estar en estado de alerta -- "levantado, alzado"-- para ocuparse de la felicidad de la mujer. La acepción "cuidar de la mujer" se puede pervertir fácilmente. Con la excusa de "cuidar de la mujer" a menudo asistimos a un recorte efectivo de las libertades. Por tanto, un auténtico cuidado de la mujer, sí; el cuidado que resulta de una protección paternalista y en definitiva castradora, no.

Abd Al-lâh Ibn Abbâs, compañero del Profeta y autor del primer comentario coránico, hizo una glosa luminosa y definitiva de este versículo: "Los derechos de las mujeres [respecto a los maridos] son ​​iguales que los derechos de éstos respecto a ellas".

El libre ejercicio de la igtihad --y sin duda una traducción del Corán ya es interpretación-- tiene como límite el atentado contra los derechos humanos. O debería tenerlo.


Publicado en Dialogal número 28 (invierno de 2008).