Editorial: Nº 8, verano de 2017


Las palabras nos acompañan, nos entretienen, nos hacen ser. Pero pierden todo el sentido si el silencio no las custodia. Tan ricas y, al mismo tiempo, tan fastidiosas cuando se convierten en ruido incontrolable; tan huérfanas cuando están solas, lejos del silencio.

A menudo es en el silencio y no en la palabra donde nos podemos encontrar a nosotros mismos. Donde nos reconocemos tú y yo, y donde percibimos el otro. En aquél tipo de silencio que habla sin necesidad de esbozar ninguna palabra.

Este número 8 está confeccionado de una sarta de silencios. Entre sus artículos encontrará el silencio que buscan los jóvenes, aquél que les permita conectarse con ellos mismos; el silencio fruto de la meditación o aquél que se apega al rezo y que configura la forma de creer; el silencio cómplice de algunos medios de comunicación en relación al terrorismo; el silencio que emana del roce del bambú con el viento, en Kôfukuji; el silencio fecundo de las partituras que reúnen a músicos de distintas tradiciones religiosas…

Escuchémoslos. Seguro que haciéndolo encontraremos muchos más silencios en este número.